Llegan a 100 los casos de suicidios reportados en lo que va del año.
Por elnuevodia.com
Cinco personas, entre ellas un confinado, se quitaron la vida de ayer a hoy, lo que eleva a 100 la imparable cifra de suicidios registrados en la Isla en lo que va del 2008.
En la cárcel regional de Bayamón, un reo, identificado como Rafael A. Ramos Vázquez, de 33 años, se suicidó ayer ahorcándose en su celda, informó la Policía.
El agente José Pérez, de la División de Homicidios de Bayamón, se hizo cargo de la investigación.
Mientras que un hombre de 52 años se suicidó esta madrugada en la avenida El Jíbaro, detrás de un parque de pelota, en Cidra.
De acuerdo con el informe preliminar, Ángel G. Berríos Santos, residente en la urbanización Kennedy del referido municipio, se ahorcó de un árbol a eso de las 12:47 de esta madrugada.
De la misma manera, un individuo de 40 años se ahorcó en su residencia, ubicada en la calle Perla del Sur, Reparto Flamingo, en Bayamón.
Según el informe de la Policía, Manuel Santiago Morales se colgó de una torre de pesas. Su cuerpo fue hallado a las 6:44 de esta mañana.
Asimismo, Félix Rafael Sanjurjo Rodríguez, de 45 años, se quitó la vida esta mañana ahorcándose en el guardarropa de su residencia, en la urbanización Villa del Rey, en Caguas.
Agentes del Cuerpo de Investigaciones Criminales de Caguas se hicieron cargo de la pesquisa.
Finalmente, las autoridades investigan un suicidio registrado esta tarde en Las Piedras. Aún se desconocen los detalles de este caso.
texto dosponible en: http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/puertoricohoy/noticias/se_suicidan_5_en_solo_horas/404090
13-may-2008
Se suicidan 5 en sólo horas
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11-may-2008
"Exijo lo que corresponde" Yoani Sanchez

La labor de la bloguera Yoani Sánchez, crítica abierta del gobierno cubano, ha sido doblemente galardonada esta semana, con un premio Ortega y Gasset y un reconocimiento de la revista Time. Vea el vídeo.
Yoani Sánchez, de 33 años, es la primera bloguera que no escribe bajo un seudónimo en Cuba. (The New York Times)
Por Eliván Martínez Mercado / emartinez1@elnuevodia.com
Tuvo una alta dosis de valentía. Comenzó a criticar abiertamente los problemas que viven los cubanos. Y firmó su blog nada más y nada menos que con su verdadero nombre y apellido. Yoani Sánchez, de 33 años, es la primera bloguera que no escribe bajo un seudónimo en Cuba, donde criticar abiertamente supone que la consideren contrarrevolucionaria.
La revista Time acaba de nombrarla una de las 100 personalidades más influyentes del mundo de 2008, junto a figuras como George Clooney, el Dalai Lama, Barack Obama, Hillary Clinton... Su bitácora recibió más de 4 millones de visitas el mes pasado. Se trata de una voz incómoda para el gobierno de Raúl Castro, que ha iniciado una serie de cambios en la isla, pero le impidió viajar esta semana a Madrid, donde iba a recibir el prestigioso premio Ortega y Gasset al periodismo digital, que otorga cada año el diario español El País. El ejercicio de su periodismo es una sucesión de dificultades. Usa una laptop Compaq de 1998 de segunda mano, que le vendió un amigo a cambio de mil dólares y una depiladora. Como no tiene conexión a internet en su casa, escribe los textos en word, los copia a una memoria flash y descarga el contenido en una computadora en algún cibercafé de La Habana.
La negativa del gobierno a dejarte ir a Madrid, ¿es un paso hacia atrás en esta etapa de apertura?
Lo que esto confirma es que no se ha avanzado en el camino de las libertades ciudadanas. Los avances sólo han sido materiales. El gobierno había querido ignorar mi existencia, pero el hecho de que me hubieran negado el permiso es una señal. Es como decir ‘sabemos que existes y no nos gusta lo que haces’. Esto confirma el estado de infancia que viven los cubanos, que necesitan permiso para salir solos de casa.
¿Cómo interpretas que el gobierno haya permitido a los cubanos hospedarse en hoteles, y comprar computadoras y móviles?
El gobierno lo que hizo fue reconocer algo imparable. Los cubanos ya tenían móvil y estaban usando computadoras, porque compraban las piezas en el mercado negro y las armaban. Y el asunto de los hoteles ha tenido un impacto mínimo en la población, porque los precios oscilan entre 50 y 120 pesos convertibles por noche. Y los cubanos ganan alrededor de 17 pesos convertibles por mes. ¿Quién puede pagarlo? Sólo una élite poderosa. Músicos de salsa que viajan al extranjero y empresarios.
El gobierno ha aumentado las pensiones...
Sólo se han aumentado a los trabajadores de la fiscalía y los tribunales, pero no a otros sectores. La subida es de un 25 porciento, y eso se reduce a poder comprar una botella de aceite y unos pocos tomates. Es sólo una gota de agua que cae en tierra arrasada.
Time te denomina pionera y heroína. ¿Por qué prefieres que te llamen ciudadana?
Pienso que es menos espectacular. No me gustan los héroes. Son puro mito. Prefiero a las personas normales con limitaciones. Y no soy pionera de nada. Pero un ciudadano es la célula más pequeña de la sociedad, y necesitamos en la sociedad civil cubana que cada uno tenga una responsabilidad, se despoje de la inercia y la apatía, e intente cambiar lo que no le gusta.
Pero sí eres la primera bloguera crítica con el gobierno que no usa seudónimo.
Sólo he puesto mi nombre. Soy parte de un fenómeno en etapa embrionaria que se puede convertir en una fuerza alternativa a los medios oficialistas cubanos. Hemos llegado a un punto de saturación con esas informaciones de la radio, prensa y la televisión que no reflejan nuestra vida. El blog es un espacio para una óptica personal, contada desde el lugar donde ocurren las cosas. Creo que los cubanos necesitan ver su vida reflejada en algún sitio, no el paraíso de ficción de que todo es perfecto, como lo pintan los medios ahora. Tenemos un reto muy grande de hacer escuchar nuestras voces.
¿Qué estás leyendo ahora?
Una compilación de ‘posts’ del blog del escritor peruano Santiago Roncagliolo, premio Alfaguara de novela en 2006. Ahora las editoriales están haciendo compilaciones de blogueros. Son de fácil lectura e interesantes, porque son como un diario y también se pueden disfrutar en formato impreso. Tengo la idea de usar mis ‘posts’ para hacer un libro.
¿Qué precio has tenido que pagar por el blog?
En la relación de costo-beneficio, los beneficios son mucho mayores. La gente que me ve en la calle me apoya. He hecho amigos en todo el mundo. En la parte de los costos no ha sido fácil. El punto culminante de los costos es que no me han dejado salir a Madrid. Me he convertido en una persona radiactiva. Por otro lado he perdido amigos. Alrededor mío se ha extendido una sombra. Muchos no se atreven a acercarse. En la prensa oficialista han sacado varios artículos insultándome. De pronto la vida ha perdido el carácter de anonimato.
¿Por qué no te consideras disidente?
Porque no tengo un programa político ni proyección política. Soy un electrón libre. Sin partido. Sé que el gobierno, en el espectro limitado que tiene para clasificar a la gente, me clasifica como disidente. Yo me considero una ciudadana que exige lo que le corresponde. Más participación de la gente en la política. Cuando empecé el blog lo hice como terapia personal, para canalizar la apatía, frustraciones, el desencanto.
Dices que tu desencanto se debe a que el socialismo cubano no ha logrado lo que había prometido. ¿No crees que la intervención de Estados Unidos ha provocado algunos de los fracasos?
Los elementos exteriores hicieron que la crisis se agudizara. Pero la crisis venía porque el modelo socialista no ha probado ser viable. El hecho de que actúe como una camisa de fuerza para la creatividad de una nación lo descarta. El gobierno ha justificado los descalabros con el bloqueo de Estados Unidos. Pero en los años de la subvención soviética, cuando no se hablaba sobre el bloqueo, tampoco se logró que funcionara. Me parece que uno tiene que darse cuenta de que no son problemas casuales sino del sistema.
¿Qué pasó con la disertación sobre las dictaduras de América Latina que preparaste durante la carrera universitaria de filología hispánica?
Los que la evaluaron vieron una metáfora de la realidad cubana y tuve muchas dificultades. Por poco no tengo diploma. Pero fue el punto definitorio para decirme a mí misma que no quería pertenecer a la academia en Cuba si no podía usar la palabra. El mismo día que recibí el título de filóloga decidí cambiar de profesión y me volví informática.
texto disponible en: http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/revistas/revistas/exijo_lo_que_corresponde/403424
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23-abr-2008
Juan Gelman, rabia, amor y poesía

El Cervantes premia la riqueza de registros del autor argentino
JOSÉ ANDRÉS ROJO - Guadalajara (México) - 30/11/2007
"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía". Juan Gelman reconoce encontrarse emocionadísimo con el Premio Cervantes en conversación telefónica desde el Distrito Federal, donde vive hace ya años. "Anoche vi que estaba en la lista de los favoritos, pero me dije: 'Juan, vos no", cuenta. Admira tanto al resto de los escritores que se barajaban en las quinielas, que se dijo que esta vez no le tocaba.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) se ha impuesto a, entre otros, Gabriel García Márquez, Ana María Matute o Antonio Muñoz Molina. El jurado ha valorado su capacidad para jugar con "la musicalidad y el ritmo de las palabras" sin abandonar el compromiso social y político"
"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica"
Benedetti: "Es una de las voces más creadoras de la poesía americana"
La ultraderecha le hizo la vida imposible en sus años en Argentina
Así que era casi un retoño cuando le entró el vicio. "Mi hermano mayor me recitaba a mis siete u ocho años versos de Pushkin en ruso. Me llevaba a un rincón apartado y yo caía rendido por el ritmo y la música de aquellas palabras que no entendía en absoluto", explica.
La facultad de integrar un compromiso personal y político que viene de lejos y unas vicisitudes terribles en su pensamiento y su lenguaje poético, en vez de sepultar de forma planfletaria su poesía. Esa virtud -dibujada por el galardonado del año pasado y miembro del jurado, Antonio Gamoneda- de alguien que tras esas circunstancias lleva "la poesía tatuada en los huesos", según el ministro César Antonio Molina, llevaron ayer a Gelman a obtener por mayoría el Premio Cervantes y los 90.450 euros de su dotación. Gamoneda habló también de la aportación del escritor argentino al "enriquecimiento de la lengua castellana por sus incursiones en la lengua sefardí" y la "condición polifónica" de sus versos.
Sólo la suma de unos méritos así podían haberle ayudado a imponerse en la selección final a otros cuatro nombres de postín, algunos de ellos eternos candidatos: Blanca Varela, Nicanor Parra, José Emilio Pacheco y Mario Benedetti. Este último aseguró ayer: "Lo considero una de las voces más creadoras de la poesía latinoamericana y un periodista muy sagaz. Sus versos están llenos de preguntas que son a su vez una respuesta lúcida y despojada. Su palabra se proyecta hacia el lector, y lo alude, transformándolo".
El jurado estuvo formado por Gamoneda, Víctor García de la Concha, Francisco Albizúrez, José Miguel Ullán, José Manuel Sánchez Ron, María Ángeles Pérez, Amalia Iglesias, Martín Caparrós, Alfredo Conde, Rogelio Blanco y Mónica Fernández.
"Cervantes y Shakespeare me acompañan desde hace mucho", dice Gelman. "Pero no sólo el Quijote, también las Novelas ejemplares, el Persiles, el teatro... Me asombra la riqueza de la lengua, sus resonancias, la manera de utilizar las palabras".
Gelman nació en 1930 en Buenos Aires. Su familia, judía, procedía de Ucrania, pero hablaba en ruso, la lengua que impuso el zar. Su padre había participado en la revolución fallida de 1905 y había tenido que exiliarse en 1912 en Argentina. Su madre sí vivió la revolución rusa. El padre pudo regresar en 1922, pero todos salieron hacia Buenos Aires seis años después cuando los crímenes de Stalin empezaron a ser insoportables. "Les encantaba la música y la lectura, en ese clima me formé".
Si su querencia por la poesía empezó a los nueve años, su interés por la política le vino antes. "Recogíamos con los niños del barrio todos los envoltorios plateados de las chocolatinas que encontrábamos por ahí porque nos decían que servían para hacer balas para los republicanos que peleaban contra Franco". Se le mezclaron, pues, desde muy pronto la pasión por las palabras con la rabia por las injusticias. A finales de los sesenta se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una organización guevarista, para luchar contra las dictaduras de Lanusse y Onganía".
La Triple A y los grupos paramilitares les hicieron la vida imposible, y Gelman salió al exilio. En 1976 estaba en Roma cuando llegó la dictadura militar a Argentina. Trajo consigo el infierno. "El 26 de agosto entraron en casa de mi hijo Marcelo y se lo llevaron con su mujer Claudia, que estaba embarazada", recuerda. "A él lo asesinaron en octubre y a ella se la llevaron a Montevideo. Esperaron a que diera a luz y sólo entonces la liquidaron. Entregaron a la niña a un policía nacional. Tardamos 15 años en encontrar los restos de mi hijo y 23 en encontrar a mi nieta, la primera que me ha felicitado por el premio. Seguimos buscando los restos de mi nuera".
LA MANZANA
Manzana sola en la fuente,
¿qué hace sin Paraíso? Nadie ve
su cicatriz amarga.
¿Me pregunta
a dónde fue el secreto
de irse por tanta puerta
cerrada, alto el crepúsculo
firme, la cara que
sueña, sueña, sueña,
sin importar lo que perdió?
En un rincón, el viento
mueve la sombra de las hojas.
Poema de Mundar, de Juan Gelman, que Visor publicará en enero.
texto disponible en: http://www.elpais.com/articulo/cultura/Juan/Gelman/rabia/amor/poesia/elpepucul/20071130elpepicul_2/Tes
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Dije economía política, estúpido. Por Slavoj Žižek

En The Ticklish Subject (Londres, Verso, 1999), uno de sus aportes más recientes a la resurrección del pensamiento de izquierda, el esloveno Slavoj Žižek recurre a su proverbial arsenal de heterodoxias (Marx y las ficciones del cine industrial, Hegel, Lacan y la cultura popular) para radiografiar la miseria del mundo y la indigencia que impera en la imaginación radical. ¿Cómo salir de punto muerto? La consigna, para Žižek, es politizarlo todo. Empezando por el dinero.
I
Dos películas inglesas recientes —dos relatos sobre la traumática desintegración de la identidad masculina de la vieja clase obrera— expresan dos versiones opuestas del punto muerto de despolitización en el que estamos. Tocando al viento (Brassed off) se centra en la relación entre la lucha política “real” (la lucha de los mineros contra las amenazas de cierre de minas, legitimadas por el progreso tecnológico) y la expresión simbólica idealizada de la comunidad de los mineros: su banda de música. Al principio, los dos aspectos parecen oponerse: para los mineros, presos en la lucha por la supervivencia económica, la actitud de “¡La música es lo único que importa!” del viejo director de la banda, que está muriéndose de un cáncer de pulmón, equivale a una insistencia vana y fetichizada en la forma simbólica vacía, desprovista de sustancia social. Sin embargo, cuando los mineros pierden la batalla política, la actitud de “La música importa”, su insistencia en tocar y participar de un concurso nacional, se convierte en un gesto simbólico de desafío, un verdadero acto de afirmación de fidelidad a la lucha política. Como dice uno de los personajes: cuando ya no hay esperanza, lo único que queda es ser fiel a los principios... En suma, el acto se produce cuando llegamos a esa encrucijada —o más bien a ese cortocircuito— de niveles, de modo que la insistencia en la forma vacía (no importa lo que pase, seguiremos tocando en nuestra banda...) se convierte en una señal de fidelidad al contenido (a la lucha contra el cierre y por la conservación del estilo de vida de los mineros). La comunidad minera pertenece a una tradición condenada a desaparecer. Y es precisamente aquí donde hay que evitar la trampa de acusar a los mineros de defender el viejo estilo de vida reaccionario, machista y chauvinista de la clase obrera: el principio de una comunidad reconocible es una razón por la que vale la pena luchar, y bajo ningún punto de vista hay que dejarla en manos del enemigo.
Todo o nada (The Full Monthy), nuestro segundo ejemplo, es —como La sociedad de los poetas muertos o Luces de la ciudad— una de esas películas en las que toda la línea narrativa se mueve en dirección a su clímax final; en este caso, el desnudo total que los cinco desocupados hacen en el local de striptease. Ese gesto final —ir “hasta el fondo”, mostrar sus sexos ante una platea abarrotada— implica un acto que, aunque opuesto, en un sentido, al de Tocando al viento, en última instancia equivale a lo mismo: la aceptación de la pérdida. Lo heroico del gesto final de Todo o nada no está en persistir en la forma simbólica (tocar en la banda) cuando su sustancia social se desintegra sino, por el contrario, en aceptar lo que, desde la perspectiva de la ética de la clase obrera masculina, no puede sino aparecer como la última humillación: renunciar a la falsa dignidad masculina. (Recuerden el famoso trozo de diálogo cerca del principio, cuando uno de los héroes, después de ver a unas mujeres orinando de pie, dice que están acabados, que ellos —los hombres— han perdido el tren.) La dimensión tragicómica de la situación reside en el hecho de que el carnavalesco espectáculo (de desnudarse) no está protagonizado por los stripers habituales, bien dotados, sino por hombres comunes, decentes, tímidos, relativamente maduros, que decididamente no son apuestos. Su heroísmo consiste en que deciden llevar a cabo el show aun siendo conscientes de que no tienen el aspecto físico apropiado. Ese desajuste entre el acto y la inconveniencia obvia de los actores le confiere al acto su verdadera dimensión subime: del divertimento vulgar del desnudo, el acto se convierte en una especie de ejercicio espiritual: se trata de renunciar al falso orgullo. (El mayor de los hombres, ex capataz del resto, se entera, poco antes del show, de que ha conseguido un trabajo, pero aun así decide unirse a sus compañeros en el acto de fidelidad: la clave del show no es simplemente ganar el dinero que tanto necesitan: es una cuestión de principios.)
Lo que hay que tener presente, sin embargo, es que ambos actos, el de Tocando al viento y el de Todo o nada, son actos de perdedores. Esto es, dos modos de enfrentarse con la pérdida catastrófica: insistiendo, en un caso, en la forma vacía como fidelidad al contenido perdido; en el otro, renunciando heroicamente a los últimos vestigios de falsa dignidad narcisística y consumando un acto para el cual son grotescamente inapropiados. Y lo triste es que en algún sentido ésa es nuestra situacion hoy. Hoy, después del desmoronamiento de la idea marxista de que es el capitalismo mismo el que, bajo el disfraz del proletariado, genera la fuerza que lo destruirá, ningún crítico del capitalismo, ninguno de los que tan convincentemente describen el vórtice mortal al que está arrastrándonos el así llamado proceso de globalización, tiene ninguna idea clara de cómo podemos librarnos del capitalismo. En suma, no estoy pregonando un simple retorno a las viejas nociones de lucha de clases y revolución socialista. La pregunta de cómo es posible socavar realmente el sistema capitalista global no es una pregunta retórica. Tal vez no sea realmente posible, al menos no en un futuro inmediato.
Hay, pues, dos actitudes: o la izquierda se enrola hoy nostálgicamente en el encantamiento ritual de las viejas fórmulas, ya sean las del comunismo revolucionario o las del Estado de bienestar del reformismo socialdemócrata, desdeñando la nueva sociedad posmoderna como una cháchara vacía y a la moda que vela la dura realidad del capitalismo actual; o acepta el capitalismo global como “el único juego que hay en plaza” y sigue la doble táctica de prometer a los empleados el mantenimiento de un máximo posible de Estado de bienestar, y a los empleadores el pleno respeto de las reglas de juego (del capitalismo global) y la firme censura de las demandas “irracionales” de los empleados. Así, en las políticas de izquierda actuales, nos vemos limitados, en efecto, a elegir entre la actitud ortodoxa de tararear dignamente las viejas canciones comunistas o socialdemócratas (aunque sabemos que ya se les pasó el cuarto de hora) y la actitud centro-radical del neolaborismo, que consiste en hacer un desnudo total, en librarnos de los últimos vestigios del discurso izquierdista...
II
La gran novedad de la era pospolítica actual —la era del “fin de las ideologías”— es la despolitizacion radical de la esfera de la economía: el modo en que la economía funciona (la necesidad de recortar el gasto social, etc.) es aceptado como un simple dato del estado de cosas objetivo. Sin embargo, en la medida en que esta despolitización fundamental de la esfera económica sea aceptada, todas las discusiones sobre la ciudadanía activa y sobre los debates públicos de donde deberían surgir las decisiones colectivas seguirán limitadas a cuestiones “culturales” de diferencias religiosas, sexuales o étnicas —es decir, diferencias de estilos de vida— y no tendrán incidencia real en el nivel donde se toman las decisiones de largo plazo que nos afectan a todos. En suma, la única manera de crear una sociedad donde las decisiones críticas de largo plazo surjan de debates públicos que involucren a todos los interesados es poner algún tipo de límite radical a la libertad del Capital, subordinar el proceso de producción al control social. La repolitización radical de la economía. Esto es: si el problema con la pospolítica actual (la “administración de los asuntos sociales”) es que cada vez socava más la posibilidad de una acción política verdadera, ese socavamiento responde directamente a la despolitización de la economía, a la aceptación común del Capital y de los mecanismos del mercado como herramientas/procedimientos neutros que deben ser explotados.
Ahora podemos comprender por qué la pospolítica actual no puede acceder a la dimensión verdaderamente política de la universalidad: porque impide que silenciosamente la esfera de la economía se politice. El terreno de las relaciones del mercado capitalista global es la Otra Escena de la así llamada repolitización de la sociedad civil pregonada por los partidarios de las “políticas de identidad” y otras formas posmodernas de politización: en la discusión sobre las nuevas formas de política que brotan en todas partes, centradas en cuestiones particulares (derechos gays, ecología, minorías étnicas...), en toda esa actividad incesante de identidades cambiantes y fluidas, en toda esa construcción múltiple de coaliciones ad hoc, hay algo inauténtico, algo que, en última instancia, se parece demasiado a la actitud del neurótico obsesivo, que habla todo el tiempo y despliega una actividad frenética precisamente para garantizar que algo —lo que realmente importa— no sufra perturbación alguna y permanezca inmovilizado. Así, en vez de celebrar las nuevas libertades y responsabilidades proporcionadas por la “segunda modernidad”, es mucho más importante centrarse en aquello que permanece idéntico en medio de esa fluidez y esta reflexividad globales, en lo que funciona como el verdadero motor de esa fluidez: la lógica inexorable del Capital. La presencia espectral del Capital es la figura del Otro que no sólo sigue siendo operativo cuando se desintegran todas las encarnaciones tradicionales del Otro simbólico, sino que directamente provoca esa desintegración: lejos de enfrentarse con el abismo de la libertad —cargado como está con el peso de una responsabilidad que no se alivia recurriendo a la mano auxiliadora de la Tradición o la Naturaleza—, el sujeto actual está preso, ahora quizá más que nunca, en una compulsión inexorable que gobierna efectivamente su vida.
III
La ironía de la historia es que, en los países ex comunistas de Europa del Este, los comunistas “reformados” fueron los primeros que aprendieron la lección. ¿Por qué muchos de ellos volvieron al poder por la vía de elecciones libres a mediados de los años ’90? Ese retorno prueba de manera definitiva que, en efecto, esos estados han entrado en el capitalismo. Lo que equivale a preguntarse: ¿qué es lo que defienden hoy los ex comunistas? Dada su relación privilegiada con los nuevos capitalistas emergentes (la mayoría miembros de la vieja nomenklatura que privatizó las compañías que alguna vez dirigieron), ellos forman, ante todo, el partido del gran Capital; más aún, para borrar los rastros de su breve pero aun así traumática experiencia con una sociedad civil políticamente activa, se fijaron la regla de abogar por una rápida desideologización, se retiraron del compromiso con la sociedad civil activa para refugiarse en el consumismo pasivo y apolítico, las dos rasgos verdaderos que caracterizan al capitalismo contemporáneo. Así, los disidentes se quedan azorados cuando descubren el papel de “mediadores evanescentes” que jugaron en el pasaje del socialismo al capitalismo, y que la clase que gobierna ahora es la misma que la de antes, sólo que con un nuevo disfraz. Es un error, pues, sostener que el retorno de los ex comunistas al poder muestra hasta qué punto la gente, decepcionada por el capitalismo, añora la vieja seguridad socialista; en una suerte de “negación de la negación” hegeliana, el socialismo aparece efectivamente negado sólo cuando los ex comunistas vuelven al poder; esto es, lo que los analistas políticos perciben (equivocados) como “decepción” ante el capitalismo es en realidad decepción ante el entusiasmo ético-político para el cual no hay lugar en el capitalismo “normal”. De modo que habría que reafirmar la vieja crítica marxista de la reificación: hoy, poner el énfasis en la despolitizada lógica económica “objetiva” contra las formas supuestamente “fechadas” de las pasiones ideológicas es la forma ideológica predominante, dado que la ideología siempre es autorreferencial, esto es, se define a sí misma gracias a la distancia que la separa de un Otro rechazado y denunciado como “ideológico”. Por esa razón precisa —porque la economía despolitizada es la “fantasía fundamental”, no reconocida como tal, de la política posmoderna—, un acto verdaderamente político implicaría necesariamente la repolitización de la economía: en el contexto de una situación dada, un gesto cuenta como acto sólo en la medida en que perturba (“atraviesa”) su fantasía fundamental.
Así, a medida que la izquierda moderada, de Blair a Clinton, acepta plenamente esa despolitización, asistimos a una extraña inversión de roles: la única fuerza política seria que sigue poniendo en cuestión las reglas irrestrictas del mercado es la extrema derecha populista (Buchanan en EE.UU., Le Pen en Francia). Cuando Wall Street reaccionó negativamente ante una caída de la tasa de desempleo, Buchanan fue el único que señaló la obviedad de que lo que es bueno para el Capital obviamente no es bueno para la mayoría de la población. Contra la vieja creencia de que la extrema derecha dice abiertamente lo que la derecha moderada piensa en secreto pero no se atreve a decir públicamente (afirmar abiertamente el racismo, la necesidad de una autoridad fuerte y la hegemonía cultural de los valores occidentales, etc.), nos enfrentamos ahora con una situación en la que la extrema derecha dice abiertamente lo que la izquierda moderada piensa en secreto pero no se atreve a decir en público (la necesidad de frenar la libertad del Capital).
Tampoco habría que olvidar que las milicias derechistas remanentes suelen parecerse mucho a una versión caricaturesca de los resquebrajados grupos de militantes de extrema izquierda de los años ’60; en ambos casos se trata de una lógica radical antiinstitucional: el enemigo último es el aparato represivo de Estado (el FBI, el ejército, el sistema judicial) que amenaza la supervivencia misma del grupo, y el grupo se organiza como un cuerpo fuertemente disciplinado para poder hacer frente a la presión. El contrapunto exacto de esto es un izquierdista como Pierre Bourdieu, que defiende la idea de una Europa unificada como un “Estado social” fuerte, capaz de garantizar un mínimo de bienestar y de derechos sociales contra el ataque violento de la globalización: es difícil evitar la ironía ante un izquierdista radical que levanta barreras contra el poder corrosivo global del Capital, tan fervorosamente celebrado por Marx. Así, una vez más, es como si los roles se hubieran invertido. Los izquierdistas apoyan un Estado fuerte como la última garantía de las libertades civiles y sociales contra el Capital, mientras que los derechistas demonizan al Estado y a sus aparatos como si fueran la última máquina terrorista.
IV
Hay que reconocer, por supuesto, el impacto tremendamente liberador de la politización posmoderna de terrenos hasta entonces considerados apolíticos (feminismo, políticas gay y lesbiana, ecología, problemas de minorías étnicas y otras): el hecho de que esos problemas no sólo hayan sido percibidos como intrínsecamente políticos sino que hayan dado a luz a nuevas formas de subjetivación política rediseñó todo nuestro paisaje político y cultural. De modo que no se trata de dejar de lado ese tremendo progreso para reinstaurar alguna versión del así llamado esencialismo económico: el asunto es que la despolitización de la economía genera el populismo de la Nueva Derecha, con su ideología de la Moral de la Mayoría, que hoy es el principal obstáculo para la satisfacción de las numerosas demandas (feministas, ecológicas...) en las que se centran las formas posmodernas de subjetivación política. En suma, predico un “retorno a la primacía de la economía” no en detrimento de los problemas planteados por las formas posmodernas de politización, sino precisamente para crear las condiciones de la más efectiva satisfacción de las demandas feministas, ecológicas, etc.
Un indicador extra de la necesidad de algún tipo de politización de la economía es la perspectiva abiertamente “irracional” de concentración casi monopólica del poder en manos de un solo individuo o corporación, como es el caso de Rupert Murdoch o de Bill Gates. Si la próxima década produce la unificación de los múltiples medios de comunicación en un solo aparato que combine las características de una computadora interactiva, un televisor, un equipo de video y de audio, y si Microsoft realmente consigue convertirse en el dueño casi monopólico de ese nuevo medio universal, controlando no sólo el lenguaje que se emplee en él sino también las condiciones de su aplicación, entonces es obvio que nos enfrentaremos con una situación absurda en la que un solo agente, libre de todo control público, dominará la estructura comunicacional básica de nuestras vidas y será, por lo tanto, más poderoso que cualquier gobierno. Lo que da pie para más de una intriga paranoica. Dado que el lenguaje digital que todos usaremos habrá sido hecho por hombres y construido por programadores, ¿no es posible imaginar a la corporación que lo posea instalando en él un ingrediente de programación secreto que le permita controlarnos, o un virus que ella misma podrá detonar, interrumpiendo nuestra posibilidad de comunicación? Cuando las corporaciones de biogenética afirman su propiedad sobre nuestros genes patentándolos, lo que también hacen es plantear la paradoja de que son dueñas de las partes más íntimas de nuestro cuerpo, de modo que todos, sin ser conscientes de ello, ya somos propiedad de una corporación.
La perspectiva que vislumbramos es que tanto la red comunicacional que usamos como el lenguaje genético del que estamos hechos serán propiedad de y controlados por corporaciones (o por una corporación) libres del control público. Una vez más, el absurdo de esa posibilidad —el control privado de la base propiamente pública de nuestra comunicación y reproducción, de la red misma de nuestro ser social— ¿no impone por sí solo la socialización como única solución? En otras palabras, ¿no es el impacto de la así llamada revolución de la información en el capitalismo la ilustración última de la vieja tesis marxista de que “en cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes, o —según una expresión legal de la misma idea— con las relaciones de propiedad en las que hasta entonces funcionaron”? ¿Acaso los dos fenómenos mencionados (las imprevisibles consecuencias globales de decisiones tomadas por compañías privadas; el evidente absurdo de “ser propietario” del genoma de una persona o de los medios que los individuos usan para la comunicación), a los que hay que sumar al menos el antagonismo implícito en la idea de “ser propietario” del conocimiento científico (dado que el conocimiento es por naturaleza neutral a su propagación, esto es: no lo gastan la dispersión ni el uso universal), no son suficientes para explicar por qué el capitalismo actual debe recurrir a estrategias cada vez más absurdas para mantener la economía de la escasez en la esfera de la información, y por lo tanto para contener, en el marco de la propiedad privada y las relaciones de mercado, el demonio que él mismo liberó (inventando, por ejemplo, nuevos modos de prevenir el copiado libre de información digitalizada)? En pocas palabras, la perspectiva de la “aldea global” de la información, ¿no marca acaso el fin de las relaciones de mercado (que por definición están basadas en la lógica de la escasez), al menos en la esfera de la información digitalizada?
V
Tras la defunción del socialismo, el último temor del capitalismo occidental es que otra nación o grupo étnico derrote a Occidente en sus propios términos capitalistas, combinando la productividad del capitalismo con alguna clase de hábitos sociales extraños a nosotros, occidentales. En los ’70, el objeto de temor y de fascinación era Japón. Ahora, después de un breve interludio de fascinación con el Sudeste asiático, la atención se concentra cada vez más en China por su calidad de próxima superpotencia, en la medida en que combinaría el capitalismo con la estructura política comunista. Esa clase de temores da lugar últimamente a formaciones puramente fantasmáticas, como la imagen que muestra a China superando a Occidente en productividad y conservando al mismo tiempo una estructura sociopolítica autoritaria —difícil resistir la tentación de llamar “modo asiático de producción capitalista” a esa combinación fantasmática—. Habría que enfatizar, contra esos temores, que China, tarde o temprano, pagará el precio de su desenfrenado desarrollo capitalista con nuevas formas de tensión e inestabilidad social: la “fórmula ganadora” —combinar el capitalismo con la ética comunitaria asiática “cerrada”— está condenada a explotar. Ahora más que nunca, se podría reafirmar la vieja fórmula marxista según la cual el límite del capitalismo es el propio Capital; el peligro para el capitalismo occidental no viene de afuera, de los chinos o de algún otro monstruo capaz de derrotarnos en nuestro propio juego, privándonos, al mismo tiempo, del individualismo liberal occidental, sino del límite intrínseco al propio proceso con que coloniza cada nuevo terreno (no sólo geográfico sino también cultural, psíquico, etc.), con que erosiona las últimas esferas de sustancialidad que se resisten a la reflexión. Cuando el Capital ya no encuentre fuera de sí ningún contenido sustancial de que alimentarse, ese proceso desembocará en algún tipo de implosión. Habría que tomar literalmente la metáfora de Marx según la cual el capitalismo es una entidad vampírica. Siempre necesita alguna clase de “productividad natural” prerreflexiva (talentos en distintas áreas del arte, inventores en la ciencia, etc.) para alimentar su propia sangre, y así reproducirse a sí mismo. Pero cuando el círculo se cierra, cuando la reflexividad se vuelve completamente universal, es el sistema entero el que está amenazado.
disponible en: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/pag30/00-05/nota.htm
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30-mar-2008
Louis Ferdinand Céline, Una historia de amor, furia y oprobio

Por Eduardo Berti
La Nación, Suplemento Cultura, 05.12.2001
Acusado de colaboracionista, el autor de Rigodon estuvo en la mira de la Resistencia tras el triunfo aliado.
André Malraux decía que para conocer a Louis-Ferdinand Céline convenía acercarse a Lucette Destouches, la mujer que de 1936 a 1961 compartió todo con el autor de Viaje al final de la noche.
Nacida en 1912, Lucette aún vive en Meudon junto con un loro llamado Toto. Todas las mañanas se entrega a una sesión de sauna y sigue dando cursos de danza clásica. Fue precisamente una de sus alumnas, Véronique Robert, quien le propuso de escribir un libro acerca de su célebre marido. Lucette aceptó y las dos mujeres fijaron una serie de encuentros en Meudon, en Dieppe o en París, en el café instalado en la cima de La Samaritaine, con vista al río y a los tejados grisáceos.
El libro resultante, Céline secret , editado en Francia por Grasset, es un largo monólogo de Lucette -cuya voz Robert ha conseguido transcribir con impactante fidelidad- sólo interrumpido muy de vez en cuando por pequeños apuntes al margen. Céline secret arroja una nueva luz sobre la vida del escritor que sacudió el panorama literario europeo con la aparición, en 1932, de su primera novela, Viaje al final de la noche , y que luego fuese acusado de colaboracionismo y antisemitismo. Pero el libro narra sobre todo la vida de Lucette y su odisea de amor junto a Céline.
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Lucette Almanzor tenía 23 años y estaba dedicándose de lleno al ballet, luego de una experiencia fugaz como actriz, cuando conoció a Céline. Este, nacido en 1894 como Louis-Ferdinand Destouches, había cursado medicina durante los años veinte, y se había volcado a escribir luego de viajar por los Estados Unidos, Africa y Europa. Para la fecha, mediados de los años treinta, Céline ya había trabajado como médico en los arrabales de París, tratando muchos casos de tuberculosis, y su Viaje... seguía suscitando todo menos indiferencia: candidato firme al Premio Goncourt, el libro perdió a último momento frente a una novela de la que hoy nadie se acuerda: Les Loups de Guy Mazeline. Un periodista acusó entonces a Roland Dorgèles, miembro del jurado, de haber influido en el fallo explicando a sus colegas "a qué peligros se exponía la Academia si premiaba un libro tan escandaloso".
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André Maurois, desde el New York Times , había celebrado la prosa de Céline (que consideró semejante a la de Joyce "pero con más continuidad y menos atención a los detalles minuciosos"); Claude Lévy-Strauss, al tiempo que se preguntaba cómo definir el libro ("¿novela? ¿autobiografía?"), lo había ponderado como "las páginas de un hombre que se niega aceptar la guerra". Hasta el famoso León Trotsky escribió en 1935 un texto sobre el Viaje... en el que valoraba la novela como "un panorama de lo absurdo de la vida", de sus "crueldades y mentiras". Para Trostky, Céline era "un moralista" y su estilo, que los detractores veían descuidado, no estaba sino "subordinado a su percepción del mundo".
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Sentimental vergonzante
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Céline ya había tenido abundantes romances con muchas otras bailarinas antes de conocer a Lucette y hacia 1935 se la pasaba en el Café de la Paix, vecino al teatro Opéra, "siempre en busca de una nueva aventura". La obsesión por las bailarinas puede que viniese de herencia, ya que el padre de Louis-Ferdinand era aficionado a dibujarlas.
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Durante su primera cita a solas, en el Jardín de Luxemburgo, a Lucette le llamó la atención que Céline no pronunciara casi ninguna palabra. Después tuvo que habituarse a su actitud siempre entre voraz y ansiosa: se sentaban a almorzar, pedían dos platos, él vaciaba el suyo en cinco minutos y decía "vámonos", cuando ella no había probado aún bocado. Lo mismo con el cine o con los libros: miraba las primeras imágenes, hojeaba las primeras páginas, se aburría o afirmaba haberlo captado todo y a otra cosa.
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Hasta 1940 Lucette siguió consagrada de lleno a la danza. Cuando viajaba al extranjero, él le escribía cartas de amor. De esta manera ella descubrió que, en el fondo, él era "todo un sentimental". Pero Céline estaba legalmente casado y tenía una hija llamada Colette. Así que sólo cuando obtuvo el divorcio, pudo contraer matrimonio con Lucette. La boda se celebró el 23 de enero de 1943, en plena guerra.
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El castillo de la deshonra
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Entre 1937 y 1941, Céline escribió tres textos panfletarios de alto contenido antisemita: Bagatelles pour une massacre , L` école des cadavres y Les beaux draps . En febrero de 1937, después de la publicación de Bagatelles... , fue invitado a renunciar a su puesto como médico en Clichy. "Si Céline hubiese muerto cuando apararecían sus primeros panfletos, se habría tratado solamente de su talento literario", escribió alguna vez Dominique De Roux. El problema es que luego vino la ocupación nazi y Céline se mostró partidario de los alemanes. Medio siglo más tarde, su actitud sigue siendo en Francia fuente de controversias y condenas, tanto en ámbitos intelectuales como políticos.
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La vida de la pareja cambió radicalmente cuando Céline decidió abandonar París, en julio de 1944, a sabiendas de que corría peligro con la ahora previsible victoria aliada. El plan consistía en ir directamente a Dinamarca pero primero debieron pasar por Alemania. De octubre a marzo de 1945 vivieron en Sigmaringen, al pie de "un castillo de opereta", al decir de Lucette. El castillo era la sede del gobierno francés colaboracionista en el exilio. El espectro de Francia en territorio alemán, a orillas del Danubio. En aquella vasta construcción, queparecía un laberinto, se producían situaciones que revelaban el temor de esos jerarcas ya condenados a la vergüenza. A la sombra de la fortaleza también se agitaba una corte de fugitivos, perseguidos por sus pecados políticos.
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De Sigmaringen, Céline pasó a Dinamarca. En Copenhague, fue encarcelado. La Resistencia francesa reclamó, en vano, su extradición. Finalmente fue juzgado in absentia y declarado "una desgracia nacional".
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En noviembre de 1946, Céline intentó defenderse a través de una extensa carta. "Los judíos deberían elevarme una estatua por el mal que no les hice y que tendría que haberles hecho", dijo allí. También sostuvo que "no escribí una sola línea antisemita a partir de 1937", aun cuando muchos ejemplos prueban lo contrario: por ejemplo, un artículo aparecido en diciembre de 1941 en La Garde , periódico pro-Hitler.
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Lucette y Céline pudieron volver a Francia en julio de 1951, gracias a una ley de amnistía. Pero el regreso no fue nada fácil. "Mi madre y Louis nunca se llevaron bien" -confesó Lucette-. Hasta la muerte de él, en 1961, vivieron juntos en Meudon. El ejerció un poco como médico y se puso a escribir de nuevo: Normance , De un castillo a otro , Rigodon . Ella abrió un curso de danza en el que participaron, entre otras, la hija de Marcel Aymé y la mujer de Raymond Queneau. Hasta Albert Camus merodeaba por allí porque cortejaba a una alumna. Un día Lucette le quiso presentar a Céline. El contestó: "Es inútil, yo sé lo que piensa de mí".
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Un pacifista, amante de los animales
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Lucette confiesa que tuvo tres pasiones en su vida: "Céline, la danza y los animales". Su relato, así y todo, dista de ser complaciente: lejos de querer pintar un lazo idílico, refiere más de un episodio de infidelidad y llegado el turno de los panfletos antisemitas, no oculta su desacuerdo. "Cuando él supo lo que realmente había pasado en los campos de concentración, se sintió horrorizado. Pero nunca pudo decir: "Lo lamento, estoy arrepentido`. El siempre afirmó haber escrito esos panfletos de 1938 y 1939 con un objetivo pacifista y nada más. Para él, los judíos incentivaban la guerra y había que evitarlo."
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La posición de Lucette frente a los textos antisemitas nunca ha cambiado: ella prohíbe su reedición e incluso ha entablado juicio contra quienes los han publicado clandestinamente. "Esos panfletos, que a Louis y a mí no nos aportaron más que desgracias, corresponden a cierto contexto histórico y todavía pueden, por su calidad literaria, ejercer un poder maléfico que yo he querido evitar a cualquier precio."
disponible en: http://sololiteratura.com/berti/bertiunahistoria.htm
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DOMINIQUE GIBAULT. Zona Erógena. Nº 20. 1994.
Julia Kristeva. Semióloga y Psicoanalista de origen checo y residencia parisina. Profesora de la Universidad de París VII. Intelectual destacada, participó en los 60 y 70 en la revista "Tel Quel". Es autora de numerosos libros de semiología y semiótica ("La revolución del lenguaje poético", "Semiótica", etc. ), de psicoanálisis ("Les nouveau maladies de fame"-ver ZE/17-, "Al comienzo era el amor", etc.) a inclusive a incursionado en la literatura como novelista. En una líneas de cruce entre sus diversas pasiones y vertientes, aunque con una perspectiva predominantemente psicoanalítica, Julia Kristeva a publicado primero "Historias de amor" y más tarde "Sol negro", explorando los territorios emocionales desde el amor, la pasión, y la amistad, hasta la depresión y la melancolía. Es justamente a las comarcas de la melancolía y la depresión que procura esta entrevista ser una introducción, una invitación a pensar. Invitación cuya introducción bien puede cerrarse con las primeras lineas que abren "Sol Negro":
"Escribir sobre la melancolía solo tendría sentido para aquellos a quienes la melancolía satura o si el escrito viniera de la melancolía. Trato de hablarles de un agobio de tristeza, de un dolor intransmisible que nos absorbe a veces, y a menudo, perdurablemente, al punto de hacernos perder el gusto por toda palabra, por todo acto, el gusto mismo por la vida".
- Puede ser que sea necesario explicar suscintamente lo que hoy se entiende por melancolía.
- Efectivamente el término cubre realidades muy diferentes, digamos y -disculpen si voy algo rápido - se pueden distinguir tres significaciones referidas al término "melancolía". Por una parte, para la psiquiatría es una dolencia grave que se manifiesta por una lentificación psíquica, ideatoria y motora, por una extinción del gusto por la vida, del deseo y de la palabra, por el cese de toda actividad y por la atracción irresistible del suicidio.
Por otra parte existe una forma más suave de este abatimiento que (como la primera) alterna a menudo con estados de exitación, forma ligada a estados neuróticos y que llamamos depresión. Los psicoanalistas suelen tener que vérselas muy a menudo con la depresión. En fin, para el sentido común, para una opinión difusa la melancolía sería una "ola del alma", un "spleen", una nostalgia de la que se reciben los ecos en el arte y la literatura y la que, siendo del todo una enfermedad reviste el aspecto a menudo sublime de una belleza.
Recuerdo en mi libro que lo bello nació en el país de la melancolía, que es una harmonía más allá de la desesperación.
- En cuál de estos tres terrenos se ha ubicado usted ?
- Mi punto de partida es clínico. Teniendo en cuenta observaciones psiquiátricas, estoy muy atenta a la herencia de Freud, Abraham, Klein. En "Duelo y melancolía"(1917), se sabe, Freud establece una equivalencia entre la melancolía y la experiencia del duelo: hay en ambos casos, una pérdida irremediable del objeto amado - aunque también, secretamente, odiado -una imposibilidad de sobrellevar esta pérdida. Con esta reflexión sobre la depresión y la muerte, Freud encara ya la segunda parte de su obra, que se expresará totalmente en "Más a11á del principio del placer"(1920): si continua siendo verdadero para él que la vida psíquica está dominada por el principio de placer, le aparece más y más claramente que la tendencia portadora de la pulsión es la pulsión de muerte. Es una verdadera revolución, que numerosos analistas rechazan, pero que me parece indispensable reconsiderar frente a ciertas psicosis por ejemplo, y por supuesto, frente a la melancolía. En tanto Eros significa creación de lazo, Thanatos o pulsión de muerte, quiere decir desintegración de lazos, ruptura de los circuitos, comunicaciones, relaciones con el otro...
- Desintegración de lazos? No es esta idea la que ud. utiliza para definir el cuadro que usted llama "melancólico-depresivo"?
-Precisamente, después de haber destacado las diferencias entre melancolía y depresión, considero que es totalmente posible hablar de un "conjunto melancólico-depresivo". Por qué? Porque más allá de las diferencias que no se trata de juntar, se encuentran por lo menos dos particularidades comunes. Por una parte la "desinvestidura de los lazos", la ruptura de las relaciones. "No -parecen decir los melancólicos y los deprimidos - vuestra sociedad, vuestras actividades, vuestras palabras no nos interesan, estamos en otra parte, no estamos, no somos, estamos muertos". Por otra parte, la "desvalorización del lenguaje". El discurso deprimido puede ser monótono o agitado, pero la persona que lo sostiene da siempre la impresión de no creer en él, de no habitarlo, de mantenerse fuera del lenguaje, dentro de la cripta secreta de su dolor sin palabra. Este interés por la palabra depresiva me parece ser mi aporte personal a la escucha y a tratamiento psicoanalítico de la depresión. En efecto, todo el problema está allí. Si el depresivo se desprende del lenguaje, si considera el lenguaje como banal o falso, cómo podremos entrar en contacto con su dolor "por la palabra"(puesto que es con la palabra que opera el psicoanalista) ? Insisto entonces sobre la importancia de la voz, o de los signos, que pueden devenir nuestra mediación hacia el depresivo. En fin, me parece importante el mostrar también como este sufriente, a menudo mudo que es el depresivo, es un afectivo secreto, un apasionado o un incomprendido. La melancolía sería, en suma, una perversión innombrable, blanca. Nos toca a nosotros conducirla a las palabras... y a la vida.
Estas observaciones clínicas, como ustedes ven, tienen múltiples implicancias. Por ejemplo, si la melancolía es nuevamente el "mal del siglo", si el número de las depresiones se acrecienta, no es también dentro de un contexto social donde los lazos simbólicos están cortados? Vivimos una fragmentación del tejido social que no puede ofrecer ningún socorro, más bien al contrario un agravante, en la fragmentación de la identidad psíquica que vive el depresivo. Por otra parte el acento puesto por Freud sobre la pulsión de muerte, lo que se llama el "pesimismo freudiano", lejos de ser un síntoma personal del doctor vienés debido a la proximidad de la Segunda Guerra Mundial, nos permite cambiar nuestra concepción de la identidad psíquica tal como el mundo moderno- trastornado, caótico, saturado de violencia y de criminalidad- nos lo presenta cotidianamente. Y si el "deseo" no fuera sino una película genial y entretenida pero extremadamente frágil que se desarrolla sobre el océano de la pulsión de muerte? La cultura aparece entonces como un bien precioso pero fugaz. El melancólico que rehusa la vida porque ha perdido el "sentido de la vida" nos obliga, entonces, a buscar los medios para reencontrar el sentido: entre nosotros, para él, pero también para toda una generación. Es decir que una preocupación clínica, al nivel profundo en donde nos sitúa el depresivo respecto del sentido de la vida, es una preocupación que toca las raíces, antaño religiosas, de la cultura. Una pregunta que realzo en filigrana dentro de esta óptica: una civilización que ha abandonado el sentido de lo Absoluto del Sentido no es necesariamente, una civilización que debe enfrentarse a la depresión? O también: el ateísmo es implícitamente depresivo? O incluso: Dónde se encuentra la immanencia optimista del ateísmo implícitamente moroso? En la forma? En el arte?
- Usted decía también estar atenta a la piquiatría.
- Una parte importante de mi libro está consagrada a la depresión femenina: más frecuente y en cierta medida más difícil de atravesar en razón de la adherencia, a menudo insuperable de una mujer con relación a su madre. Constato también el rol determinante del apego de la madre, en todas las formas de melancolía. Incluso el pánico del obsesivo frente a su propia depresión me parece atarse al hecho que el obsesivo esté ligado a su madre deprimida y que la irrupción de la melancolía en él lo confronte a la idea de considerarse como una mujer deprimida -idea intolerable... Qué relación con la psiquiatría que combate la depresión con los antidepresivos? Viene de formularse la hipótesis que "el gen de la depresión" se transmite por el cromosoma X, el femenino. Hipótesis esquemática a verificar...No le falta, sin embargo, convergencia con las posiciones psicoanalíticas. La interpretación analítica ¿no trata precisamente ella, de separar al depresivo de su adherencia con la madre amada-odiada, de darle otras palabras y otros deseos?
Habría que cuidarse tanto del dogmatismo psiquiátrico como de dogmatismo psicoanalítico. Los progresos en el dominio de los antidepresivos dan medios potentes para actuar sobre los neurotransmisores y a menudo es el único medio de superar una melancolía grave. Aunque pasa que a menudo, los antidepresivos o las sales de litio, si bien restablecen los fluidos, en cuanto al paciente da la impresión de tener un discurso mentalizado, "robotizado". Es entonces cuando la psicoterapia o el psicoanálisis pueden intervenir respecto se los remanentes profundos de la personalidad, ligando el afecto al lenguaje y a los otros.
- La imagen contemporánea de la melancolía, tal como usted la define, admite entonces que todo se juegue alrededor de la cuestión de las relaciones del sujeto con los otros, lo social y él mismo. Pero al mismo tiempo, ¿qué era él exactamente dentro de esto?
- El primer melancólico griego, Bellérophon, aparece en La llíada: desesperado, él se consume de tristeza y, abandonado de los dioses, no cesa de vagar evitando a los hombres. Hipócrates, en su teoría de los humores (humores, como líquidos corporales), atribuye la melancolía a la bilis negra. El texto más importante de la antigüedad griega acerca del sujeto, me parece ser "Problemata 30": de pseudo-Aristóteles. Extrae la melancolía de la patología y la ve, sobretodo como un estado límite de la naturaleza humana, como una crisis "natural" si se quiere, reveladora en consecuencia de la verdad del ser. El melancólico sería, entonces, el hombre de genio. Esta concepción fascina a los filósofos modernos, por supuesto. Pues si lo resumiéramos en una forma lapidaria, esta daría lo siguiente: el estado depresivo es la condición del pensamiento, de la filosofía, de la genialidad. En efecto, porque cambiaríamos el pensamiento, o las formas artísticas si antes no hubiéramos afrontado su banalidad. La depresión, en suma, en el umbral de la creatividad. Pero una depresión nominada y por lo tanto atravesada.
- A continuación todo se modifica?
- Insensiblemente, imperceptiblemente, a través del neoplatonismo y el lazo que se establecerá entre la melancolía y el cosmos: Saturno, planeta de la depresión. "La Melancolía" de Durer (1514) será el logro célebre de esta corriente. Además, de manera más radical con el cristianismo, el que, por una parte verá en la melancolía un pecado, pero, por otra parte en las experiencias místicas, sugerirá la melancolía como vía de acceso a Dios. Es la "acedia" de los monjes de la Edad Media.
- Solo la influencia cristiana es señalable en la Edad Media?
-No, por supuesto. También está el esoterismo, una cuestión que trato indirectamente a través de mi interpretación del soneto del Nerval, "El Desdichado". Las cartas del Tarot, el Príncipee Negro de la melancolía. Son de las tantas metáforas que remiten a los estados de constitución y de disolución de la materia, y que podríamos descifrar también como metáforas que deben entregar una imagen de la constitución y de la disolución de la identidad psíquica, de la constitución y la disolución del lazo social.
- Para quedarnos un instante más en la historia, cuáles son las otras rupturas, las otras transformaciones que, una vez pasada la Edad Media marcan nuestra concepción de la melancolía?
-Numerosos puntos merecerían amplios desarrollos, pero abreviando puedo decir esto. En Europa, en los siglos XV y XVI aparecen por ejemplo en los poetas la Dama Melancolía, y, en los protestantes, un recrudecimiento del tema melancólico. Es lo que corta con el imaginario que consagra al hombre del Renacimiento como un personaje exhuberante y jovial, lanzado al porvenir con la diva botella en la mano. Atención, no digo que esta imagen es falsa. Digo que no está sola, que coexiste con la adquisición de una enfermedad, definida como el trazo fundamental de la humanidad -muy visible a mi juicio en el pintor Hans Hobbein el Jóven. Asi las cosas a pesar de esta Dama Melancolía, el Renacimiento francés, y más aún, el siglo XVII o el siglo XVIII, no son melancólicos. Francia parece escapar al mal de Europa. Considero de hecho que de un modo general, la cultura francesa en el curso de su desarrollo histórico, ha sobrepasado o tal vez, simplemente recubierto el movimiento melancólico, de erotismo y de retórica. Gracias a Sade y gracias a Bossuet.
- Sin embargo hoy en Francia hay autores como Marguerite Duras, de la que usted habla largamente en su libro, que dan a su obra la coloración de la melancolía...
-El individuo no es la cultura. Sin embargo es exacto hacer notar que en Marguerite Duras encontramos numerosas figuras de melancólicos. A mujeres amadas, a la figura maternal, fuente de odio y de ira interior. O también el desplegar de la homosexualidad femenina, implícita y furibunda. La puesta en escena del raport con la otra mujer y, a través de ella, con la figura maternal, es de una gran lucidez en Duras. Debemos reconocerle una suerte de genio, a la vez clínico y hechicero. En revancha, hay en toda su obra como un llamado a la fusión con un estado de enfermedad y de melancolía femenina, una fascinación algo complaciente con la disolución y los abismos. En este sentido es una literatura que me parece no catártica, ella hace lo que Nietzsche llamaba el nihilismo, del pensamiento contemporáneo. No hay más allá, ni aun aquel de la belleza del texto. Vean como son los escritos de Duras: una escritura laxamente negligente, a instancia de un arreglo o de un maquillaje preparados para sugerir una enfermedad a no sobrellevar, a mantener. Textos a la vez cautivantes y mortíferos. A menudo me entretuve con estos con mis estudiantes y saben cómo reaccionan ellas ? Por la fidelidad y por el temor. Ellas lo dicen: ellas aprehenden la lectura de sus libros sobre todo cuando son frágiles... Porque tienen temor de quedarse en ellos. La verdad de Duras las aprisiona.
Hoy no es el sexo el que perturba o produce temor, sino el dolor permanente, el cadáver potencial que somos. Quién quiere mirarlos a la cara? La depresión es el secreto (secret), tal vez lo sagrado (sacré) moderno.
Fuente: http://www.educ.ar
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I- A través de su boca, el procedimiento anoréxico
En el año 1958, Alejandra Pizarnik escribe en sus Diarios que admite haber confundido la literatura y la vida, afirmación a partir de la cual podemos leer el proceso destructivo del cuerpo Alejandra, que ella conoce y maneja a voluntad como pretende con el lenguaje, llevándolo a límites que tienen que ver con los desórdenes alimenticios, drogas y medicamentos, para llegar finalmente a la muerte. El tema de la comida y la gordura articula varios de sus escritos en los Diarios, tonándose motivo y muro en los flujos de sus ideas y su vida en general. En dichos diarios, Alejandra manifiesta constantemente su obsesión por bajar de peso, cuestión que en algún momento se igualó con la lectura cuando leía demasiado y se le hacía necesario vomitar. Por ejemplo, nos dice:
Engordé mucho. Ya no debo angustiarme. No hay remedio. Es un círculo vicioso. Para no comer necesito estar contenta. No puedo estar contenta si estoy gorda. 1959 (Pizarnik, 2003a: 141)
Nunca me odio tanto como después de almorzar o cenar. Tener el estómago lleno equivale, en mí, a la caída en una maldición eterna. Si me pudiera coser la boca, si me pudiera extirpar la necesidad de comer. Y nadie goza tanto en esto como yo. Siento placer absoluto. Por eso tanta culpa, tanta miseria posterior. 1961 (Pizarnik, 2003a: 199)
Acerca de esta obsesión y relacionándolo con su trabajo literario, Pizarnik deja entrever una figuración clave en su escritura, cuando señala en el año 1961:
Si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual –yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed- ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo. (Pizarnik, 2003a: 198)
Pizarnik admite que los suyos no son placeres sino sólo hambre y sed, figuras claves para entender la lectura que aquí se propone. En otro aspecto, Alejandra señala que la escritura de Los trabajos y las noches “me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.” (Pizarnik, 2003b: 313-314) , lo que nos da una aproximación al lenguaje como zona libre, fluyendo en esa aparente y momentánea seguridad de hacerse una forma a la medida, que era necesario encontrar en alguna instancia, ya que su cuerpo se desajustaba no sólo por la gordura sino que además en su tartamudez o su inteligencia superior, algunas de las características que la hacían anómala en su círculo.
Así, Pizarnik poeta de voz extranjera y con el lenguaje y la poesía como morada de paso, manifiesta en una entrevista con Marta Moia una sentencia clave para lo que aquí se propone, al revelar su sospecha de lo esencial indecible:
A.P. - Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.
M.I.M. - Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe. Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.
A.P. – Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo –incluso la nada- tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mi una sospecha de que lo esencial es indecible. (Pizarnik, 2003b: 313)
II- Desde la literatura menor hasta otras grietas
Esta aproximación a los poemas de Los trabajos y la noches de Alejandra Pizarnik, se traza a través de la teoría de Gilles Deleuze y Félix Guattari en torno a la literatura menor , proponiendo una ventana por la que entramos al libro de Pizarnik, quien se ajusta y desajusta a estas ideas. En una primera intuición, el proceso de desterritorialización del lenguaje en su poesía lo leo paralelo al proceso de la anorexia en la poeta/escritura : imposible no escribir (comer), imposible no escribir en otro idioma (no comer lo justo, que es también la otra palabra), imposible no escribir / hacer vibrar el idioma mayor (no comer poesía en las alturas líricas) .
Volviendo a los teóricos franceses, en el artículo “Postulados de la lingüística” proponen la consigna como unidad elemental del lenguaje, la que definen como “la relación de cualquier palabra o enunciado con presupuestos implícitos, es decir, con actos de palabra que se realizan en el enunciado, y sólo pueden realizarse en él” (Deleuze, Guattari, 2000: 84), señalando que la forma fundamental de la palabra es el mandato, la aserción, afirmación o negación, manifestando que “las palabras no son herramientas” (Deleuze, Guattari, 2000: 82); para concluir que “el lenguaje no es la vida, el lenguaje da órdenes a la vida”, y que no es informativo ni comunicativo sino sólo transmisión de consignas. Siguiendo lo propuesto por Deleuze y Guattari, el problema no es la consigna sino el cómo escapar de la sentencia de muerte que reside en ella, cómo desarrollar su capacidad de fuga, y “cómo impedir que la fuga se transforme en lo imaginario, o caiga en un agujero negro” (Deleuze, Guattari, 2000: 111). Finalmente nos dicen que bajo las consignas hay contraseñas, “palabras que estarían como de paso, componentes de paso, mientras que las consignas marcan paradas, composiciones estatificadas, organizadas”, siendo necesario “transformar las composiciones de orden en componentes de pasos.” (Deleuze, Guattari, 2000: 112). Entonces, podríamos pensar que la poesía ya no es el bloque inmóvil del hogar, sino que se ve como no lugar, como tránsito, fuga, devenir.
En cuanto a la literatura menor, Deleuze y Guattari señalan que la lengua madre es la toma de poder de una lengua dominante, distinguiendo una lengua mayor de otra menor , caracterizando la primera por el poder de las constantes y la segunda por la potencia de la variación (intensidades). Una vez reconocida la lengua mayor sobre la cual la menor ejerce su función, se pueden reconocer las dos formas de hacer una literatura menor, primero en el empobrecimiento y degradación de las formas sintácticas o léxicas, y luego en la proliferación de efectos cambiantes, con un gusto por lo sobrecargado y la paráfrasis, sin olvidar que desterritorializar la lengua mayor no es reterritorializarla en una menor . A partir de lo anterior, las palabras de Pizarnik podrían ser leídas como rodeos a consignas o emblemas, empobrecimiento o variación intensa de las palabras coleccionadas, agrietando la lengua mayor y constatando la imposibilidad de lo estable en el lenguaje y la posibilidad de un nuevo territorio en la fuga.
Deleuze y Guattari también recalcan la condición puramente virtual del lenguaje, que para esta lectura se une con la idea del lenguaje que no es morada sino lugar de tránsito, apariencia y simulacro. Pizarnik conoce el lenguaje y es por eso que puede hacerlo huir y fugarse con él, pero esta dinámica se obstruye ante la insistencia en el sentido, ya que “la lengua compensa su desterritorialización con una reterritorialización en el sentido” (Deleuze, Guattari, 1978: 34), gesto que también es físico pero ya no en organismo sino en los síntomas y efectos de una enfermedad. En este punto se podría relacionar esta necesidad de nombrar lo que perturba y que lleva a la enfermedad del cuerpo-alejandra, con lo expuesto por Julia Kristeva en su libro Poderes de la Perversión , en cuanto a lo abyecto, su atracción y las formas que adopta el cuerpo cuando con esto se relaciona, otra forma de leer este procedimiento anoréxico que para Pizarnik se propone. Así leemos:
Espasmos y vómitos que me protegen. Repulsión, arcada que me separa y me desvía de la impureza, de la cloaca, de lo inmundo. Ignominia de lo acomodaticio, de la complicidad, de la traición. (...) Pero puesto que este alimento no es un "otro" para "mí", que sólo existo en su deseo, yo me expulso, yo me escupo, yo me abyecto en el mismo movimiento por el que "yo" pretendo presentarme. (...) Protesta muda del síntoma, violencia estrepitosa de una convulsión, inscripta, por cierto, en un sistema simbólico, pero en el cual, sin poder ni querer integrarse para responder, eso reacciona, eso abreaciona, eso abyecta. (Kristeva, 2004: 9-10)
Para esta lectura sobre Pizarnik, la lengua mayor sería la lengua poética y el lirismo, entendidos como conjunto de reglas de belleza impuestas o clasificadas en la escritura, asignadas por otros y subvertidas por ella en las variaciones e intensidades de su lenguaje condensado, en su limitación de las constantes a través del juego, su tendencia al silencio y en su hacer tartamudear la lengua. La variación que propone Pizarnik se desarrolla bajo la tensión del deseo y el rechazo de la palabra metafóricamente llamada en esta ocasión anoréxica y bulímica (donde lo obeso es rechazado y se trabaja incesantemente por la delgadez), manejando la herramienta inútil del lenguaje hasta sus extremos. Así, si la palabra no es herramienta sino mandato, entonces no es hogar sino no-lugar , y el lenguaje se torna pura virtualidad, apariencia de hogar, simulacro.
La literatura menor que leo en Pizarnik no sólo es pobre sino poderosamente condensada, concentración donde estaría el ánimo de la reterritorialización, cierta resignificación en susurro. El procedimiento de pobreza de la literatura menor es más bien restricción de constantes, atomización, vibración y juegos de intensidad, que en este caso tiene aspectos de sobrecarga en la minuciosidad de los juegos vocálicos y en la proliferación de consignas subvertidas en sus textos. Por ejemplo, es constante en la escritura de Los trabajos y las noches el ejercicio de repetir una palabra hasta que se torna vacía de sentido, haciéndola vibrar en sí misma , y de esta forma Pizarnik coincidiría con los teóricos ya que buscaría “hacer vibrar secuencias, abrir la palabra hacia intensidades interiores inauditas, en pocas palabras: un uso intensivo asignificante de la lengua” (Deleuze, Guattari, 1978: 37).
La pobreza del texto en los procedimientos menores de Pizarnik es aparente, al igual que su simplicidad. El siguiente poema, con sus versos independientes y separados por puntos aparte, es un ejemplo de esto, aparentemente son sólo accesorios, palabras coleccionadas, pero en un plano intenso e indescifrable está el otro lado del lenguaje, el otro lado de la poesía/Alejandra:
DEL OTRO LADO
Años y minutos hacen el amor.
Máscaras verdes bajo la lluvia.
Iglesia de vitrales obscenos.
Huella azul en la pared. (Pizarnik, 2001: 203)
En la búsqueda de la forma ideal que emprende Pizarnik en la escritura de Los trabajos y las noches, una de las figuras recurrentes es la reformulación a través de formas sintácticas par

