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8 oct. 2008

Roberto Bolaño, Sobre el juego y el olvido


La Nación, 25 de abril de 2001

Entrevista con Roberto Bolaño

El autor chileno es uno de los narradores que más éxito tiene en España. Ganador de los premios Herralde y Rómulo Gallego, visita Buenos Aires para presentar su novela Nocturno de Chile

Para Roberto Bolaño, el humor se parece a la felicidad y al amor

Lejos del mundanal ruido que los circuitos literarios alimentan, Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953) teje su historia literaria y desteje la red que trata de atraparlo en estos tiempos en que la estrella es el autor y no su producción. Los lectores hispanos, entre tanto, se recomiendan o se pasan con entusiasmo sus libros: Las llamadas telefónicas (cuentos), Los detectives salvajes (obra por la que obtuvo el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos), Tres (poemas) y Nocturno de Chile, su última novela.

Admirador de los beatniks, fanático de Lou Reed y devoto de Borges, el escritor chileno, que vivió en México y en los Estados Unidos, reside desde 1977 en España, donde su nombre se asocia a los nuevos rumbos de la literatura latinoamericana. Sus narraciones muestran un peculiar sentido del humor ("El humor -dice- es algo parecido a la felicidad, a la revolución y al amor. En realidad, se parece a todo, incluso a la muerte, que es lo más alejado que existe del humor").

Antes que su voz fuera reconocida como una de las más originales de los últimos años, Bolaño solía enviar obras a todo concurso que se le presentara, no lo hacía por adicción sino por optimismo y necesidad económica. Trabajó como lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador... Quizás eso explique el gusto por el juego y la aventura que se advierte en su obra. "A mí me gusta jugar -afirma-. No estoy muy seguro pero, parafraseando lo que decía el Che Guevara sobre los aventureros, creo que existen, a grandes rasgos, dos tipos de jugadores: los que se retiran y los que no se retiran, los que apuestan la vida y los que fingen apostar la vida. Y eso es lo que determina, finalmente, la naturaleza de todo juego, lo que hace que el juego sea un ejercicio de esclavitud o un ejercicio de libertad."

Desde 1993, vive exclusivamente de la literatura. No cree en el reconocimiento, sino en su cuenta corriente cuando hay dinero; tampoco cree en la inmortalidad del alma ni en la de los libros. Vive en Blanes, una pequeña ciudad de la costa catalana, a 100 kilómetros de Barcelona, donde llegó -cuenta- "por azar, como han llegado muchos sudamericanos a algunos pueblos de la Costa Brava. Me gusta vivir a menos de cincuenta metros del mar, me gustan el marisco, el pescado fresco y las gambas rojas (langostinos) de Blanes, y también me gusta la cortesía, una cierta discreción que es casi natural en este pueblo (aunque, por supuesto, la cortesía y la discreción son virtudes aprendidas)".

Afirma que no tiene ningún vínculo con el ambiente literario de Barcelona ("sí amistades, que se traducen en cartas o llamadas telefónicas, con unos pocos escritores españoles y catalanes"). Mientras tanto, suele volver a los lugares por los que ha transitado. "Una de las exiguas ventajas de los lugares emblemáticos es que perviven en la memoria y en las bibliotecas particulares. Uno de los lugares emblemáticos de Philip K. Dick podría ser la Galaxia de Andrómeda o la Constelación de Magallanes. ¿Qué relación puede mantener uno con un sitio así? Bueno, pues mediante la astronomía o mediante la esquizofrenia. Mis lugares emblemáticos son México y Chile." Tal vez por eso le gusta "la paella marinera tanto como las empanadas chilenas, los tacos de carnita, o los chilaquiles, a las cinco de la mañana".

Se dice de Bolaño que es "un narrador dotado", un gran fabulador. "Narrar -afirma- lleva incorporada la necesidad de una cierta estructura, una economía, una dosificación, que implica por tanto un mayor grado de lucidez de quien narra. No estaría mal que recordáramos Las mil y una noches. Ese texto es de una oralidad absoluta y, sin embargo, también es de una complejidad absoluta".

En sus novelas, el chileno transforma la realidad a la que, no obstante, se mantiene simultáneamente fiel. "Trabajo con todo el texto, tanto el que se ve como el que no se ve, perfectamente trazado y escrito en mi cabeza. Son muy pocas las novelas (quiero decir, las novelas o relatos legibles) donde no se cuentan dos o más historias paralelas. En "El Aleph", de Borges, se narra la historia prodigiosa del Aleph, pero también se cuentan la historia del amor de Borges por Beatriz Viterbo, la de ese par de huérfanos o viudos disímiles que son Borges y Carlos Argentino Daneri y, también, la situación tragicómica de un momento determinado de la literatura argentina. Y de paso, Borges le da una patada a Neruda y a lo que Neruda entiende por tradición whitmaniana, y todo esto en un cuento de menos de veinte páginas. En La literatura nazi en América (Seix Barral, 1996) enfoco el mundo de la ultraderecha, pero muchas veces, en realidad, de lo que estoy hablando es de la izquierda. Tomo la imagen más fácil de ser caricaturizada para hablar de otra cosa. Cuando hablo de los escritores nazis de América, en realidad estoy hablando del mundo a veces heroico, y muchas más veces canalla, de la literatura en general."

Recurre al mismo tipo de tratamiento en los cuentos de Llamadas telefónicas: "Todos mis textos -dice- me los planteo como un escrito donde prima el argumento, pero cada cuento tiene su reverso, ceñido con una disciplina de hierro, por una cuestión de economía. En el cuento de los detectives, el contraire era el poema "Saranguaco" de Nicanor Parra; su esquema, el diálogo imposible, una especie de diálogo loco. Así, podría haber escrito catorce novelas. Y, probablemente, catorce novelas infinitas. Por ejemplo, "Vida de Anne Moore", el último cuento de Llamadas telefónicas, es, en su reflejo, una novela-río, suceden cosas que se pueden contar en seiscientas páginas. Esas sombras o guías literarias resultan más visibles en los relatos de La literatura nazi en América. Tal vez porque allí se planteó la necesidad de ilustrar con obras la biografía de los imaginarios autores presentados. A este respecto -subraya- yo me remitiría a una historia de Ballard, que aparece en La exhibición de atrocidades, donde se narra la muerte del presidente Kennedy como una carrera de automóviles cuesta abajo."

A Bolaño le ha atraído siempre el género policial. Estrella distante está protagonizada por un teniente que vincula la poesía al crimen. En Amuleto, una voz en primera persona, la de una uruguaya oculta en los lavabos de la Facultad de Filosofía y Letras en México durante la toma de 1968 por la policía, narra lo vivido y convierte su reclusión de varios días en el espacio de la narración ( "Esta será una historia de terror. Será una historia policiaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta.") "Me gusta el género policial como me gustan el pornográfico o la ciencia-ficción -explica Bolaño-. En estos géneros hay bazofia a toneladas, pero también, de vez en cuando, uno puede encontrar joyas de gran valor. Lo que pretende una buena novela policial, entre otras cosas, claro, es que el lector asuma el papel del descifrador; se le entregan previamente todos los elementos (dispersos, caóticos) para que él proceda a ordenarlos, a entenderlos, a disfrutarlos, y a atrapar al asesino o a comprender por qué, cuándo, cómo se produjo el asesinato."

En el 2000, Bolaño entregó a la editorial Anagrama una recopilación de cuentos, Putas asesinas; ahora está a punto de acabar una novela ambientada en la ciudad de Roma, que publicará Mondadori. Dice que entonces espera poder dedicarse a una novela larga ambientada en México en la que está trabajando desde hace tiempo. En este libro en construcción narra, entre otras cosas, los asesinatos de varias mujeres en Ciudad Juárez. "Es tan bestial que puede acabar con mi salud -declara-, tremendamente mexicana, compleja, terrible y alucinante. Pero no es culpa de México, sino de sus propios delirios. Seguramente dará de qué hablar y probablemente me odien y no me quieran traer más a México. Es muy fuerte. Incluso a mí me asusta. Es una obra de ciencia-ficción".

Nocturno de Chile, la novela que el editor Jorge Herralde presentó como "una pequeña obra maestra escalofriante", entreteje lo más sórdido de la dictadura de Pinochet con la literatura. La tortura y las veladas literarias ocurren -tal como sucedió en la realidad- al mismo tiempo y bajo el mismo techo: en el sótano, en el que se desarrollan las más impensables escenas de terror, y en el salón de una casona de las afueras de Santiago, en la que se reúne lo más granado de la literatura chilena.

A diferencia de Los detectives salvajes, Nocturno de Chile es una novela escrita en un solo bloque, sin división en capítulos, que se descompone en siete historias muy diferenciadas que hacen las veces de capítulos. Según aclara Bolaño, "aparentemente, no tienen nada que ver las unas con las otras. Entre historia e historia hay pequeños nudos verbales, que es tal vez lo que más me gusta de esta novela: palabras y frases sincopadas que cualquier lector perspicaz puede entender que se dirigen hacia la amnesia. Esta novela es, también, y puede que sobre todas las demás consideraciones, un intento fallido de amnesia donde todos somos iguales, las sombras inocentes y los brutos malévolos, los personajes reales y ficticios, es decir, donde todos somos víctimas, sólo que de una forma indolora. Nocturno de Chile también trata de la moda, la alta costura y el prêt-à-porter, o lo que es lo mismo, sobre el efecto del tiempo en las historias, sobre el lento progreso del olvido, que es una de las formas de la ocultación hacia la que con más gusto y puede que con más justificación tendemos".

En forma de torbellino, se suceden los pensamientos del protagonista, sacerdote, crítico literario y poeta mediocre. Durante el transcurso de una noche febril (el héroe o antihéroe supone que está a punto de morir), se precipitan las visiones de monstruos, horribles imágenes de la memoria y anticipaciones espantosas. El lector asiste al desfile de los recuerdos, de las contradicciones, de los temores del cura, como si se hubieran intercambiado los roles y se presenciara la confesión de un confesor, plagada de disquisiciones de corte surrealista. A la vez, este soliloquio permite al autor ahorrar la crónica y destacar sólo pasajes clave.

A pesar de que el novelista afirma estar en contra de la literatura de denuncia y del realismo social ("un escritor jamás debe permitir que su literatura se dirija a algún fin no literario", sostiene), esta novela expresa en forma de alegoría la grotesca mentira en que se basan las costumbres sociales y literarias. Nos toparemos así con personajes como los dos "encomenderos del abismo", los señores Oido y Odeim (cuyos nombres al revés dan idea de lo que representan), o el zapatero vienés que intenta construir una Colina de los Héroes, cementerio mitológico donde al final no reposará más que él. La novela ataca los oportunismos, las debilidades y las traiciones del mundo cotidiano. Se ha dicho que Nocturno de Chile es esa obra radical e incómoda sobre el pasado que la literatura española todavía está por escribir.

Cuando se trata de definir su relación con la literatura, Bolaño retoma una pensamiento, ya expressado por Gil de Biedma, que suena a paradoja en boca de un escritor: lo natural es leer y no escribir; el placer (y la sabiduría) están en la lectura, jamás en la escritura.


Por Silvia Adela Kohan
Para La Nación - Barcelona, 2001

Obras

La literatura nazi en América (Seix Barral), Monsieur Pain, Estrella distante, Amuleto, Llamadas telefónicas, Los detectives salvajes, Nocturno de Chile (Anagrama), Los perros románticos, Tres (El acantilado), Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (Anthropos).

Encontrado en: http://www.lanacion.com.ar/suples/cultura/0117/supl.asp?pag=P04.HTM&a=prem

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