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15 dic. 2008

La modernidad filosófico matemática: Descartes - Freud - Lacan



Por: Rubén Fadus



Es Lacan quien primero dice que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia. El estatuto de este sujeto fundado en la modernidad por Descartes, tiene una doble vertiente, el matema y el aforismo, con un valor axiomático. Según Alain Badiou, el axioma filosófico es que el pensamiento debe poder comprenderse a partir del ser, mientras que el axioma psicoanalítico es que hay un pensamiento inconsciente. Para él, psicoanálisis y filosofía tienen un borde común: el ideal de matema.

En el Seminario XI, cuyo tema central es la fundamentación de los conceptos del psicoanálisis, la descripción del sujeto cartesiano se anuda al descubrimiento freudiano, desde donde podemos inferir la aparición de la fórmula lacaniana del sujeto del inconsciente. En su escrito “La ciencia y la verdad” dice que esto -que la ciencia y el psicoanálisis compartan este sujeto- puede parecer una paradoja. Tiene toda la apariencia de una situación paradojal, ya que la ciencia excluye este sujeto, como causa de la verdad, por lo que se pregunta cómo es posible pensar en que ese sujeto que se funda en la modernidad en el siglo XVII, sea el mismo sujeto en que se funda el psicoanálisis. Qué significa que Lacan refiera al fundamento lingüístico, donde profundiza esa diferencia con Descartes.
Alexander Koyre en “Estudio sobre la historia del pensamiento científico” ubica esta modernidad como filosófica matemática, porque la filosofía trabaja en paralelo con el fundamento matemático. Marca el pasaje del cosmos jerárquicamente ordenado de los griegos al universo infinito de Galileo y Newton, y aquí es donde se funda el aforismo. Marca la condición de posibilidad epistemológica del psicoanálisis. Es en la ruptura entre los griegos y el universo infinito de la modernidad donde se funda la condición de existencia del psicoanálisis. Esto marca el advenimiento de la ciencia en su estatuto de universal. Todo fenómeno del universo puede ser objeto de la ciencia. Este universal tiene un borde, tiene un lugar de excepción, de escollo, de antinomia, allí se propone que existe uno que no entra en la categoría de objeto para la ciencia, y es en ese lugar donde pensamos a Dios, quien de acuerdo a su voluntad hace surgir, crea el mundo. Esto va a introducir un corte con ese universo de los griegos, pero además y fundamentalmente con la cristiandad medieval, ya que la filosofía está muy capturada en las redes de la teología. Se podría agregar que no existiría una filosofía medieval, sino que existirían derivaciones de Platón y Aristóteles, tomadas por los padres de la Iglesia. Por lo tanto en este momento de la constitución de la ciencia de la modernidad, la preocupación pasa de estar en el mundo del más allá como estuvo en el mundo de la cristiandad medieval, por este mundo que es el único, el de la inmanencia. Y esto es radical para la formulación del pensamiento de la ciencia. Es decir que se produce la secularización del pensamiento y la preocupación por los temas inmanentes a este mundo.

Lacan llama a la fundación de este sujeto ético momento inaugural del estatuto de este sujeto. El sujeto en la experiencia analítica no está desde siempre, sino que es supuesto y además está sujeto al significante con el cual se identifica y del cual es efecto. Este sujeto irrumpe en la cadena significante a través de los lapsus, sueños, chistes, por lo que podemos decir que el tiempo del sujeto es siempre presente. Por ser efecto del significante es evanescente, cosa que desarrollaré más adelante.
Tenemos el antecedente galileano, lo cual es fundamental para Lacan, porque él dice que la ciencia comienza cuando Galileo puede escribir una fórmula con tres letras como m=e/t (movimiento = espacio / tiempo), escritura minimalista que le permite decir la ciencia, ya que es una escritura transmisible sin lugar a equivocación. Letras desprovistas de todo sentido. Siempre dicen lo mismo, por lo tanto son transmisibles sin resto.
Por otro lado Newton dice: “yo no finjo hipótesis, Dios Padre por su voluntad crea el universo y lo echa a andar, pero una vez fundado nada alterará el decurso de las leyes que lo rigen”. Podríamos inferir que hay capricho de la causa, pero podemos decir que a partir de allí hay legalidad, y esa legalidad se puede llegar a acceder a ella a través de la matemática. La naturaleza tiene caracteres matemáticos. Funda una ciencia experimental. La experimentalidad es el carácter dominante de la ciencia de la naturaleza de la modernidad.

El método experimental supone una comprensión sistemática de los fenómenos de la naturaleza en su carácter de demostración, es decir que esta determinación de la demostración del método demostrativo como un método experimental es un rasgo fundamental de esta ciencia. Por lo tanto, la estructura lógica de esta ciencia moderna es la experimental y lo vemos en Galileo, en Descartes, en Bacon y en Newton. Toda esta ciencia viene acompañada de todo este viraje de la cristiandad a la secularización de la civilización occidental.
Koyre, por lo tanto, propone a Descartes como el primer filósofo de la modernidad, y que Descartes se hace cargo de un modo complejo y trágico. Entre la primera y la tercera meditación de Descartes se produce un movimiento de intensa suspensión de los juicios (filosóficamente hablando se llama epoge, de Edmund Husserl, abstracción fenomenológica de lo no esencial y la captación de lo fundamental, pues su finalidad es servir de método para unificar el mundo de la vida y el mundo de las ciencias -los dos mundos que separa Descartes- que al no poder unirse constituyen la crisis de las ciencias europeas), o sea, todo lo que sabe es dudoso, instalando lo que se llama en el pensamiento filosófico la duda metódica o hiperbólica, por la que considera todo el conocimiento que ha recibido como dudoso y, luego va a decir, falso. Si alguno de esos conocimientos le resulta dudoso, va a dar por dudosos a todos, no necesita revisar uno por uno dichos conocimientos. Se llama duda metódica porque pone en juego la duda como metodología, y los efectos que esta duda continua le produce es desolación y angustia muy marcada en las meditaciones -no olvidemos que Descartes era un hombre profundamente religioso-. Hasta que en un momento en el cual necesitaba afirmar algo cierto en el mundo, tiene que encontrar en Dios la garantía de algo verdadero en este mundo, como ese uno que está por fuera de la duda. Un Dios que primero va a decir engañador, con el argumento del genio maligno, pero luego va a decir que no nos puede engañar, sino no sería la pura bondad, la perfección, etc. Aparece el estatuto del gran otro, como garante de ese saber. Gesto de profunda suspensión del proceso del saber, que produce un vaciamiento del conjunto del saber, de todo lo que viene por los sentidos, por el olfato, la vista, etc. constituye la piedra angular del racionalismo, o sea que toda construcción racionalista se va a apoyar sobre el primer movimiento de duda. Es importante destacar el punto en que ese movimiento es constructivo y en el que es obstáculo en el pensamiento cartesiano. Muchos años después vendrá Nietzsche y dirá: “lo único verdadero es lo que viene por la vía sensible”. Descartes desacredita todo lo que viene por los sentidos, y en este punto se apoyará todo el racionalismo filosófico. Descartes se instaura como absoluto heredero de la filosofía y la metafísica platónica, ya que fue él quien nos decía que el mundo sensible, el de las apariencias, es un mundo altamente dudoso, o falso, ya que la verdad se encuentra en otro lugar.
Lacan va a trabajar sobre el cogito cartesiano de un modo radical. Donde Descartes dijo “pienso luego existo”, Lacan va a proponer “soy donde no pienso, y pienso donde no soy”. Aunque haya sido invertido, la operación epistemológica es absolutamente cartesiana.
Un punto importante a destacar es la duda en relación a los sueños, ya que se pregunta qué es lo que asegura que cuando estoy despierto no estoy soñando, ni que cuando esté soñando esté despierto. No hay indicios por los que podamos distinguir netamente la vigilia del sueño. La medicina, la física, astronomía y todas las demás ciencias que dependen de cosas compuestas, son muy dudosas; pero en cambio la geometría, la aritmética, y las otras ciencias análogas que tratan de cosas muy simples y generales, sin preocuparse si existen o no en la naturaleza (como Platón pensaba en los conceptos o ideas en la naturaleza), le resultan mucho más ciertas y fiables. Descartes razona como un filósofo moderno afectado a este paradigma matemático. Ideas claras y distintas, provienen de las matemáticas. El cuerpo, en cambio, es altamente dudoso ya que lo conozco a través de los sentidos, y los sentidos nos engañan. Algo que se puede afirmar en este punto es que, para Descartes, el espíritu humano es más fácil de conocer que el cuerpo, o sea la sustancia extensa. Primacía del intelecto, del espíritu, de la razón sobre el cuerpo. Es Espinoza (contemporáneo de Descartes) quien dirá que no sabemos lo que puede alojar el cuerpo, y si un cuerpo padece, el alma también se entristece, y si un cuerpo está sano y alegre y disfrutando, el alma también lo está. Hipótesis paralelista que discute esta primacía espiritual sobre el cuerpo, por lo que muchas veces se ha dicho que Espinoza era materialista.
Para Freud, esto es efecto y síntoma de la modernidad, en esa doble perspectiva, y en esa perspectiva también lo acompañaron Nietzsche y Marx, de acuerdo a lo que nos propone Foucault cuando interpreta la labor de Freud, Nietzsche y Marx.

Descartes en un punto dice que nada hay cierto en este mundo, punto de máximo escepticismo, nihilismo, y cómo hace para no quedar atrapado como Diógenes. Aunque todo el tiempo se encuentre equivocando, esa equivocación le va a decir que existe, que es, que no depende del cuerpo ni de los sentidos. Descarte huye así del vértigo de la duda desesperante, el vértigo del círculo que denuncian los escépticos. Aparece la hipótesis de que Dios es un genio maligno que usa todo su poder para engañarlo. Pero si hay alguien que lo esté engañando todo el tiempo, igual eso le da la seguridad que a ese que están engañando existe. Así puede llegar a asegurar que es una cosa, aunque sea una cosa engañada. Por lo tanto, la proposición “yo soy, yo existo, es una proposición necesariamente verdadera siempre que la concibo o pronuncio en mi espíritu, aunque no sé lo que soy” “yo soy, existo, ¿pero cuanto tiempo? el tiempo que existo, porque si dejo de pensar dejo de existir, desaparezco”. Un punto de evanescencia en el que Lacan se apoya para pensar la producción del sujeto del inconsciente. Soy una cosa que piensa. Por lo tanto hay algo cierto, soy algo, una cosa que piensa, que duda, concibe, afirma, siente. Cuando cita el ejemplo del trozo de cera que al calentarse pierde todo aquello que observamos a través de los sentidos, ¿qué es lo que perdura de ella? Sólo el nombre, el significante “cera”. Todo lo otro ha cambiado. En este punto, se puede decir que todo aquello que conocemos, tocamos, etc. está sujeto a metamorfosis. Aparece el lenguaje. Si me limito a nombrar sólo las cosas sin emitir ningún juicio, no caería en error. Por lo tanto aunque sea engañosa la visión de la cera, de lo que no se puede dudar es que soy yo quien ve la cera y emite un juicio sobre ella. Por todo eso, nada es más fácil de conocer que mi espíritu. “Pero yo no puedo ser causa de mí mismo”, por lo tanto aquí aparece la causa de las ideas, el punto en que necesita salir del solipsismo: decir que tengo una idea de la que no puedo ser causa, o sea ser causa de uno mismo, por lo que aparece la causa sui generis, la idea de Dios. Aparece un tercer nivel de la duda donde piensa que “Dios no hubiera querido que sea tan desgraciado como para vivir en la eterna duda. Pero aún engañado, soy. No estoy solo en el mundo, tiene que estar la causa de mí mismo”. Dios es sustancia infinita, inmutable, omnisciente, independiente que si existe, por lo tanto, es causa de lo finito, lo imperfecto. No tendría en mí la idea de finitud, de imperfección, si algo que es infinito, perfecto, no lo hubiera puesto en mí. Esta es una idea innata, venimos al mundo con la idea innata que Dios nos puso, ideas impresas en nosotros. Por lo tanto la idea de Dios es la más verdadera, distinta y clara de todas las que se tiene. Todo lo que haya en nosotros en potencia, por desarrollar, aunque nuestros conocimientos se acentúen continuamente, o sea por realizar, nada significaría puesto que en la Divinidad nada hay de potencia, todo es acto. Al ser imperfecto, el conocimiento es siempre de a poco, por pasos, inductivo, como el matemático. Por lo tanto la idea de Dios la puso en nosotros Dios mismo. Dios como garante de todo el conocimiento que puedo ir desarrollando. Dios no me engaña y eso hace que se pueda hacer la afirmación única posible: soy.
Partiendo del sujeto pensante y que razona encontramos la prueba de la existencia de Dios, y al mismo tiempo la prueba de que el sujeto pensante también existe. Si seguimos a Lacan en “Ciencia y verdad” tropezamos con un punto de indecidibilidad del sujeto de la ciencia, donde evocando a Gödel dice “la lógica oficia de ombligo del sujeto”, sujeto que nada sería sin la relación con el Otro, que para Descartes lleva el nombre de Dios.
Lacan en el Seminario XI opone verdad a certeza, y dice que Freud es cartesiano en la medida en que parte del sujeto de la certeza. Pero el “yo pienso” cartesiano no alcanza para sostener el “yo soy”. Al otro le falta el significante que represente totalmente al sujeto. Esto va a definir el deseo del Otro. Así el sujeto de deseo no es otro que el deseo del Otro. Y en defensa contra ese deseo del Otro es que el sujeto propone su fantasma. Por todo esto es que el sujeto se sustrae en el momento en que se articula el “yo pienso”, punto de desvanecimiento del sujeto. Lacan va a decir “pienso y no soy”. Para Descartes, al pronunciarse el cogito, aparece el rasgo distintivo, “claro y distinto” cuya garantía está en el Otro, en la existencia de Dios. Pero este sujeto evanescente, que queda excluido en el “yo pienso, luego soy” produce un lugar vacío de significante, llamado el inconsciente freudiano.
Lacan no identifica al sujeto, sino que reconoce su falta de identidad, la posición del inconsciente. Cuando Lacan escribe S(barrado) está mostrando esa imposibilidad de identificación. Pero este sujeto se articula en el campo del inconsciente. De allí podemos entender la afirmación que hace en el Seminario XI donde dice que “el inconsciente no es del orden del ser o no ser, sino de lo no realizado”.
Es en el sujeto de la certeza donde convergen Freud y Descartes, en ambos la certeza aparece detrás de la duda. La diferencia es que el inconsciente es lo propio del sujeto, pero de lo que puede apropiarse, mientras que el sujeto cartesiano encuentra su realidad de ser pensante convirtiéndola en su sustancia, apropiación fraudulenta que Kant llama “ilícito”. Lacan dice el término primordial es el de “certeza”, por lo tanto el modo de proceder de Freud es cartesiano, en la medida que parte del sujeto de la certeza. Hay que vencer una connotación que ensucia, macula todo, y es “no estoy seguro, dudo” (por ejemplo en los sueños) y la duda es la ligazón más importante con la certeza. La duda en Freud es ambigua, por un lado como disfraz (postizo y mal puesto). Lacan reformula el cogito y dice “por pensar, o de pensar soy”. Al ponerlo de esta forma podemos empezar a vislumbrar que se trata del ello, ello piensa, eso piensa. Nos dice que para que Descartes nos diga el “yo pienso”, no hay que olvidar que esto no es posible sin el lenguaje. El pensamiento funda al ser anudándose en la palabra, donde toda operación toca la esencia del lenguaje. Freud en el lugar de la duda está seguro de que hay un pensamiento inconsciente. Este es el punto de divergencia entre Descartes y Freud, el inconsciente. El sujeto está como en su casa en el campo del inconsciente, no en el yo pienso. Lacan dice “soy donde no pienso, pienso donde no soy”. Al poner, Descartes, la verdad en el Otro absoluto, Dios, diga lo que pudiera decir, siempre será verdad, lo cual nos invita a seguir el camino que nos lleva al sujeto supuesto saber. En relación al otro engañado, el analista, lo que más teme el sujeto es engañarnos.
Al sujeto de la ciencia, Lacan le agrega la responsabilidad de su acto, de su deseo, sin la cual rápidamente podemos terminar en la perversión. Freud va a decir “aquí en el campo del sueño, estás en casa”, por lo que podemos observar dónde se apoya y dónde invierte la propuesta cartesiana. Idea de casa, morada, tomada de Heidegger, allí donde mora, vive el sujeto. El sujeto de la certeza está dividido. El sujeto de la responsabilidad que plantea Lacan no es el mismo del imperativo kantiano, tiene que ver con eso, pero lo nuevo que aparece es la responsabilidad, y esto conlleva el acto.
Pensar el psicoanálisis (o el campo freudiano) como posible es sólo después del surgimiento del sujeto cartesiano. La ciencia moderna empieza luego del paso inaugural dado por Descartes, lo cual deja expresada la condición de posibilidad epistemológica del psicoanálisis, repartida entre Descartes y Freud. No habría posibilidad del discurso y la praxis psicoanalítica sin la emergencia del discurso de la ciencia moderna. Lacan cree en la ciencia conjetural del sujeto, no en las ciencias humanas, con un sujeto calculable pero no suturado. Freud encuentra que en la certeza que yerra, allí está el inconsciente, en algún lugar se produce el inconsciente, hay que ir a buscarlo, lo cual es muy distinto a pensar que en algún lugar está. No es que hay que ir a descubrirlo, se produce en el intersticio entre significantes. “Y el análisis se debe comprometer (como dice Lacan en el Sem. XI) en la hiancia abierta en el centro de la dialéctica del sujeto y el Otro”. Esta hiancia central es el nudo umbilical del inconsciente…y la vía del deseo.




Lacan J. ,: (1987)“La ciencia y la verdad”, Escritos 2. Edit. Siglo XXI. Buenos Aires
Lacan, J. : (1995) “Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Edit. Paidós. Buenos Aires.
Alexandre Koyré : (1989) “Estudios de historia del pensamiento filosófico”. Edit. Siglo XXI – Buenos Aires
Trosman Nora: “Interlocutores filosóficos de Lacan” (ficha) – Buenos Aires
Bernard Baas y Armand Zaloszyc: (1994) “Descartes y los fundamentos del psicoanálisis”. Edit. Atuel-Anáfora. Buenos Aires.
Alain Badiou: (1995) “Filosofía y psicoanálisis”, Revista Acontecimiento Nro. 10. Edit. La escuela porteña. Buenos Aires.
Descartes, René: (1986) “El discurso del método”. Edit. Altaya. Barcelona
Descartes, René: (1986) “Meditaciones metafísicas” . Edit. Altaya. Barcelona


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texto disponible en: http://www.depsicoterapias.com/site/articulo.asp?IdSeccion=13&IdArticulo=425

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