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7 oct. 2007

Edmond Jabès : una poética del vacío

En NADJA 3. Enrique Bianchi, editor. Rosario, Agentina.

Et, pourtant, à la question : "Pour qui écrivez-vous?" n'avait-il pas, spontanément, répondu : "Pour personne ; pour le silence, peut-être, qui est toujours attente de quelqu'un."
Edmond Jabès

Un Étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. (1)


Además de una poética del vacío, tal vez habría sido justo aludir a una poética de la contradicción ya que la redundancia no es ajena a esa forma de la ausencia, una constante en la escritura de Edmond Jabès. Tendida a dos puntas, convoca la totalidad y el vacío, la vida y la muerte, el discurso y el desierto, el mundo y la aniquilación, la solución y el misterio, la voz y el silencio, el pensamiento y la poesía: "Sœurs siamoises, séparées par la tête: la pensée et la poésie."(2) Si el conocimiento aparta la revelación poética de la reflexión, si divide en dos una misma entidad, la lectura podría reunir esas partes en una hermandad que no desconozca la fractura. Declarando la rotunda inexistencia de un método hermenéutico, Hans Georg Gadamer(3) se pregunta, a propósito de Paul Celan, "-¿Qué debe saber el lector?", "-Lo más posible", es su inquietante respuesta. Apesadumbrado por carecer de un sólido fondo cultural sobre la tradición religiosa judía, sobre la mística de la Cábala, los términos hebreos y una teología judía suficiente, al abordar a un poeta que hace de esa profundidad y profusión su prodigio poético, Gadamer insiste en la importancia de leer una y otra vez, de procurar asistencias válidas para que el encanto de la comprensión se produzca.

De la misma manera, como si Edmond Jabès fuera el poeta doctus que fue Paul Celan para su crítico, la aproximación a su obra requiere las precisiones de erudición necesaria, una necesidad que multiplica inquietudes hermenéuticas semejantes acentuadas por un hermetismo que, en ambos poetas, da cuenta de un vacío primero y mayor, iniciado por el secreto de Dios que, como tal, no se dice (la ausencia de una palabra), y un vacío reciente y no acabado, por los espantos de una historia indecible (otra ausencia de palabras). Hasta aquí las semejanzas.

Jabès concentra, en un Libro o más, confidencias y secretos que se observan discretamente. El Libro es el lugar común, el lugar donde se cruzan los dichos y la reserva, lo escrito (l'écrit) y el grito (le cri), la errancia en los márgenes y en el blanco sin marcas. Semejante a las encrucijadas donde el egipcio emplazó la monumentalidad de esfinges innumerables, imperturbables en la inmensidad del desierto, cada vez más enigmáticas, la fatalidad calla el misterio de un origen y de propósitos que tal vez nunca lleguen a esclarecerse del todo. Semejante al desierto donde el judío egipcio celebra tanto la revelación de su misión como la incógnita: "¿Qué les diré?" La respuesta: "Je serai qui je serai",(4) circular y vacía, se identifica con la voluntad de no decir que sella un pacto de silencio desde el principio. El enigma y la incógnita inician una poética del desierto que hace del vacío, de la ausencia, de la nada, su consigna muda. Egipcio y judío, Jabès vislumbra en el fondo del abismo, la incertidumbre que se posterga sin fin: "La connaissance ne serait, ainsi, qu'un trou dans un trou."(5) , el conocimiento no se diferencia del vacío que se desliza en otro vacío; la identidad, del espejismo.

Son varios los libros de Jabès que, desde el título, redundan en su condición de libro: Le Livre de questions,(6) junto a otros tres libros que tienen por título variaciones de un mismo nombre hebreo (Yaël,(7) Elya,(8) Aely (9) ) forman parte de un libro mayor, una serie repetitiva donde el libro sigue mencionado: Le Livre de Yukel,(10) Le Retour au livre (11) (…) y también (El, ou le dernier livre)(12) , un séptimo título que aparece entre paréntesis, o así desaparece. De la misma manera, el primer libro da título al conjunto de Le Livre des Ressemblances,(13) donde incluye entre otros libros, Le Livre des marges, I. Ça suit son cours,(14) Le Livre des marges, II. Dans la double dépendance du dit (15) o, de existencia más difusa, Le Livre des limites reúne cuatro volúmenes: le Petit livre de la subversion hors de soupçon,(16) Le Livre du dialogue,(17) Le Parcours,(18) Le Livre du Partage.(19) Algunos años después, Un Étranger avec, sous le bras, un livre de petit format.(20)

El inventario no pretende agotar las variaciones de una invención que lo desborda sino subrayar la invocación obsesiva de un Libro que vuelve tenazmente, mencionado con otros términos, como si, desde el principio, fueran las suyas versiones de un mismo Libro. De resonancias arcaizantes, la reiteración del título se asocia con expedientes diferentes, con signos de inscripciones antiguas que coinciden en una misma imaginación cifrada por un secreto, en parte compartido. La invocación de libros por otros libros, los multiplica a la vez que los sustituye. Entre ellos, podría recordar en cada título liturgias remotas, rituales del Antiguo Egipto, la mitología del país donde Jabès nació y de donde procede. Si bien no precisa ese pasado, no descartaría una arqueología que, por familiar y famosa, no deja de ser recóndita. En ese registro hierático, cada libro es un Libro de los muertos. Recogido a principios del siglo XIX, la compilación comprendía el conjunto de poemas, himnos, fórmulas mágicas, instrucciones de carácter diverso, que habían aparecido depositados en los sarcófagos al lado de las momias, ilustrando sobre la vida anterior y anticipándose a una segunda vida, que precipitaría otras. Ideogramas abreviados, inscritos sobre papiros, ilustrados con paisajes de ultratumba, contenían instrucciones para el desempeño del muerto en su trance y tránsito al otro mundo. Expuestos en el Museo de El Cairo, ciudad donde Edmond Jabès vive hasta 1957, año en el que debe refugiarse en Francia por las persecuciones que sufren los judíos durante el gobierno de Nasser, formarían parte de un imaginario sigiloso, claves de un código del que emana su deseo o decir del desierto, el origen ancestral que no lo abandonará: "- Le désert fut ma terre. /Le désert est mon voyage, mon errance." (21)

Libros de milenios, de siglos, de años, libros de horas. El contexto solemne y cotidiano de una escritura de carácter sagrado, la repetición de la ceremonia que no varía en el retorno cíclico de las estaciones, de las horas, oraciones que, por la permanencia de un ritual, fija la fugacidad que la dimensión trascendente a la que se aspira, no consiente. Como parte de un culto, la repetición recupera un tiempo anterior, o un tiempo sin tiempo, remitiendo a una categoría superior, a un arquetipo, el Libro de los libros -como quien dice, "Rey de Reyes". El superlativo reivindica desde el Libro anterior al mundo, la mística del modelo del que el mundo parte y del que no se aparta, el milagro de un Libro que se contiene a sí mismo. O se asimila a Le Livre, de Mallarmé, el libro donde termina el mundo o el libro total en el que el mundo anhela devenir a fin de no terminar. Las religiones del Libro no desconocen que durante siglos, entre éxodos, diásporas y exilio, los judíos mantuvieron por patria el Libro, una pertenencia constante que confirmaba, en empecinada permanencia, la dureza de su estatuto de extranjeros, su duración:

Je n'ai jamais su où j'étais. Quand j'étais en Egipte, j'étais en France. Depuis que je suis en France, je suis ailleurs. Encore le problème de l'étranger. L'étranger ne sait plus quel est son lieu. L'étranger part pour un pays comme s'il pouvait se réfugier dans une image idéale. Mais aucun pays ne se ressemble à une pareille image.
Il n'y a que la langue. Si un étranger vient dans un pays parce qu'il en choisit la langue, il y trouve son lieu. Mais il trouve son lieu où? Simplement dans cette langue. Or cette langue qu'il ne cesse de perfectionner n'est plus la langue qui se parle autour de lui. Son lieu, c'est le lieu de la langue: le livre.(22)

El fragmento es parte de un monólogo razonado al que se entrega con una facundia menos frecuente que su fervor por el silencio, un silencio que pasa a ser del otro, de un oyente, alguien que se limita a oír. Conciliando diversos silencios, más reservados o más concisos, los aforismos de Jabès suelen medir cada vocablo, pesar las letras, pensar los huecos de un texto que, muy sucintamente, vuelve una y otra vez sobre el tema o el temor del extranjero, como ecos que retumban sobre fosas, huesos, o nada: "Beaucoup de bruit dans la disparition du bruit/ Silence pour rien"(23) […]. Frases aisladas en páginas sin numerar, páginas en blanco casi, una palabra, o dos, entre paréntesis que no aclaran o las desvanecen, el horror de un poeta o, simplemente, el horror: "Le sang ne lave pas le sang" […](24) es el subtítulo de uno de sus libros, la voz que no oculta el desgarramiento de su autor y que reaparece en el último verso de una "Stèle exhumée", de una piedra inmemorial y grabada que ni se lee ni se borra. La sombra sobre la página se refugia, inadvertida, entre los blancos, para desaparecer entre trazos de luz como palabras en la arena; reticente, el escritor osa hablar apenas, como si arriesgara la indiscreción de una confidencia que fuera voz en el desierto, oída e igualmente inaudita, inscrita y al viento:

Il n'y a plus que le sable/ où je passe.(25)

No deja huellas, guarda silencio o se retracta a medias:

"L'étranger de l'étranger", ai-je, une fois, écrit." (26)

"una vez", escribe, ¿aunque lo escriba dos veces? Jabès es poeta de una palabra que se repite y se desmiente, de un Libro que se lee y que se esconde:

Faire le livre, pour un écrivain, c'est apprendre à lire le livre qui est dans le livre : livre de son ambition, de son obsession.

De quoi répond le juif? En premier lieu, de sa fidélité au livre ; car elle est fidélite a soi-même. (27)

El judío es el tópico en que Jabès se obstina, un tema y un lugar que no cede, el lugar común donde se instalan su escritura y sus obsesiones, el lugar casi ideal de quien se encuentra fuera de lugar, de quien persevera en ser lo que es, duplica la extrañeza o, al reflejarla en el otro, la repite y la deroga. Una alteridad en espejo, revela la identidad y la revoca a la par. La figura en fuga vuelve a padecer en la imagen que huye, otra expulsión; en cada partida, el mayor ex-ilio, el "ex-cielo", por el que sollozaba el poeta después del entierro de la tierra,(28) resintiendo la nostalgia por la pérdida del lugar anterior, un lugar sin lugar y sin tiempo, la ambivalencia del duro deseo de durar o de desmistificar la eternidad con un pasado o, apenas, un prefijo.

"Le juif fait face au juif, comme la page du Livre à la page du Livre". (29)

Prójimo y próximo, su gesto lo identifica y lo enfrenta, cara a cara o cara y cruz de una misma moneda. Antagonista y semejante, opuesto y consecutivo, el extranjero del extranjero se mira en el otro, se detiene en la página contigua que dobla su imagen de sufrimiento compartido. Pasa, como quien pasa la página, pero no pasan ni el dolor ni el Libro. Amparado en las repeticiones arquetípicas, Jabès no las elude, las repite. Si irrevocable, la respuesta que da Dios a Moisés evade el nombre valiéndose de una estrategia tautológica que, por circular, evita el fin de la definición, no termina ni comienza. No instaura más que la revelación de las leyes, de ahí que, como dice Reyes Mate, "al separar tan radicalmente revelación y racionalidad, el campo queda abonado para que la reflexión filosófica pierda de vista al judaísmo."(30) Suspende la representación: ni imágenes que confundan veneración con idolatría, ni términos que terminan en conceptos, en definiciones: "L'être juif n'est que le juif de l'être." (31)

Como si leyera en las páginas de ese espejo que es el libro, o leyera de nuevo el mismo libro, las palabras van y vienen: "Dieu est, au-delá de l'idée, l'idée même de cet au de-lá".(32) En La mémoire et la main, una escritura especular y hermética inicia el librito, una guía que desorienta, de perplejidad en perplejidad, inversa a la de Moisés-ben-Maimón quien nació en Europa, escribió en árabe y murió en Egipto. Si bien lo recorre al revés, el itinerario no cambia demasiado. Anterior a la iniciación del texto, aparece el primer plano de una mano fuerte dibujada por Chillida, seguida por frases breves anticipando otras manos dibujadas que se cuentan hasta siete. Un espejo recoge la ilegibilidad y la invierte, creando, por la lectura, la ilusión de comprender el revés silencioso del texto:

("Qu'importe que ce soit de droite à
gauche ou de gauche à droite.
La main n'écrit que dans le sens
brûlant de la vie à la mort, de l'aube
au crépuscule", disait-il.

" Le jour et la nuit sont les deux
pôles d'une main ", disait-il aussi. (33)

Abre un paréntesis para siete versos pero no lo cierra, como si la reflexión que piensa sobre sí misma no concluyera. La mano del pensador, mano a mano, con la del poeta o con la de quien escribe, se inclina sobre el vacío sin dejar de interrogarlo:

Et si l'absence était une pensée - une pensée
de l'absence? (34)

Las frases trazan un círculo que se cierra sobre un punto, sobre nada, sobre sí. Poesía de clausura, los espectros de una escritura que avanza de derecha a izquierda, o en otro sentido, rondan la visión verbal de una muralla de palabras que impide, como los muros del ghetto, una salida fuera del libro. Nada queda de un orden atroz que tampoco salva a Dios del encierro que la palabra le impone:

Le néant a, pour seul répondant, le néant;
Dieu, pour unique référence, Dieu. (35)

Si "Dieu est à l'image du manque"(36), la carencia, infinita, también continúa, arriesgando al hombre y perpetuando el poema. Según Derrida, el riesgo que corre cualquier poesía es la falta de sentido pero entiende que un poema no sería nada sin ese riesgo. Por eso, más que desde otras fuentes, es desde la tradición judía que comparte con Derrida, desde donde Jabès formula la cuestión de Dios, el problema y la búsqueda: "La negatividad de Dios, el exilio como escritura, en fin, la vida de la letra, es la Cábala misma."(37) Las palabras no pueden hacerse cargo de esa continuidad ausente; una poesía de pocas palabras revoca una poesía que se queda muda, circunscrita a un círculo donde la imaginación es presa del pensamiento de nada, la palabra no va más allá, entre un vacío interior que no excluye el vacío de afuera, permaneciendo en el umbral.

Mais si l'on me demande : " A quoi penses-tu?
Tu sembles absent. " je réponds, imperturbable : "A rien."
Ce Rien mon unique livre? (38)

El desierto no dice la tragedia, igual al silencio, igual al vacío, la palabra solo evoca la aporía de "ce milieu nul"(39), del Nilo, el río que lo atraviesa y suena a nada, del que el judío se aparta en busca de la verdad, hacia una terra incognita, la tierra que sigue prometida. Pero tampoco hay nada que decir sobre los recuerdos, sobre un pasado que no pasa, porque la aniquilación es la única referencia, porque tampoco hay un porqué que la explique, una razón que la entienda. "-¿Por qué?" Suele decirse que un judío responde a una pregunta por otra pregunta. "-¿Por qué?" Son varios los libros de cuestiones pero la Cuestión, una pregunta que también es un requerimiento, queda dolorosamente abierta, no hay respuesta, no es posible explicar lo inexplicable.

Al referirse a la poesía de Jabès como una "escritura consagrada al silencio",(40) Maurice Blanchot tampoco encuentra la palabra que llegue a designar la tragedia: "¿Hay que olvidar?¿Hay que recordar? ¿Qué? Eso que no se sabe cómo nombrar - Shoah, Holocausto, Exterminación, Genocidio?" Blanchot repite, hace suyas, las frases inscritas en Birkenau: "Sabrás lo que ocurrió. No olvidarás. Sin embargo, jamás lo sabrás". Un diferendo había dicho Lyotard, por darle nombre a una situación que no tiene ni solución ni nombre. Los criminales hicieron lo posible por eliminar los rastros del desastre: "Era la consigna, que nada fuera consignado. (…) Poner término al propio término."(41) ¿Es consecuencia de esa conspiración de silencio la resistencia a decir "después de Auschwitz", la imposibilidad que anunciaba Adorno, el mutismo que evita la banalidad de hablar? En silencio, la referencia vuelve a desaparecer; entre un nombre secreto, el nombre de cuatro letras y otro nombre de millones de letras, de ene letras, innumerable, lo innombrable, una letra asume la negación que las cifras no alcanzan a especificar.

"On écrit entre deux rénonciations."(42) El infortunio de un pueblo depredado, sentenciado a muerte y al silencio, impedido de resistir o denunciar la depredación y la muerte. Las desapariciones no dejan de producirse en un siglo que, partido al medio, hizo de la destrucción, de la práctica de la desaparición una realidad cotidiana, de la cultura, la negación del saber: ni historia, ni teoría, ni ideología, ni verdad, ni ficción, ni poesía, nada. En francés, solo el orden de las letras diferencia "nada", rien, de negar, nier. Las prácticas anagramáticas van más allá de un juego de letras; letras como cartas, más allá de palabras, un fuego de palabras que las va quemando una a una: "Nier le rien".(43) Ante la violencia de no decir, decir que no se puede decir todo, ya es algo. Decía Gadamer que los juegos de palabras incorporan una ruptura del pensamiento o, más bien, una armonía oculta -Heráclito lo sabía- más poderosa que la patente.(44)

Briser le mot, faire jouer les mots dans les brisures du mot, c'est aller au plus proche par le chemin le plus direct ; mais c'est aussi passer d'un vertige à l'autre, d'un néant à l'autre (…) (45)

Récit [Relato] (46) es el título de otro libro muy pequeño de Jabès que, como otros títulos, no dice mucho ni adelanta. Es un librito de pocas hojas que resume, en algunas palabras, los fundamentos de una lógica del exilio, de la partida obligada, que ya había sentenciado, "Pour le juif, la vérité est dans le récit ; elle est même le récit",(47) en la brevedad del aforismo. En una entrevista donde habla de la publicación de otro libro que desde el título califica de pequeño, empieza por justificar tanto la brevedad deliberada de su discurso como las transcripciones en las que suele incurrir, la urgencia de citar, de escribir el silencio:

En la época de la Inquisición, entre aquellos judíos que fueron convertidos por la fuerza, algunos llegaron a transcribir en un libro muy pequeño lo esencial de las oraciones y lo esencial de un cara-a-cara con Dios. Disimulaban este librito en un bolsillo confeccionado en el amplio forro de su manga izquierda. Si, para salvar su vida, se veían obligados a ir a la iglesia, a musitar o a arrodillarse, podían, sin embargo, acariciar con la mano derecha, en el interior de la manga, el libro escondido. Y eso los reconfortaba, los devolvía a sus orígenes. (48)

Transcribir lo esencial, citar literalmente, guardar silencio. Ça suit son cours es un libro de citas, el título es una cita de Maurice Blanchot. Las citas marcan el itinerario filosófico, intelectual y poético de una íntima biografía:

Le philosophe naît avec la philosophie, le penseur, avec la pensée et le poète, avec le monde. (49)

Se cita a sí mismo, cita varias veces a Gabriel Bounoure -crítico de Mallarmé, de Jabès, a Emmanuel Levinas, a Maurice Blanchot, a Rosmarie Waldrop -autora de la mayor parte de sus traducciones, en inglés; transcribe largamente a Roger Caillois, a sus eternas piedras, a Jacques Derrida, a Georges Bataille, a Michel Leiris, a Pierre Klossowski, a otros. Citas transcritas de Isaías, algunas, más veladas, de la Cábala, retoma sus propios textos, se aparta de ellos, un derrotero doble, camino y libro que sigue a tientas, un nómade que se desplaza de una lectura a otra, las cruza a su paso, las pasa por alto, se aleja, las vuelve a cruzar. Para el judío, la cita cuenta; antes que nada importa la cita, como dice el Talmud, "Todo aquel que enuncia las palabras en nombre de quien las enunció" no solo propicia su propia salvación sino que inicia una redención que no termina. "Essentiel, dans le judaïsme, est le constant recours à la citation." (50)

Récit dice ser un relato que se propone transgredir el orden severo de la lengua y el género de la narración. Si el orden, como una orden, obliga a decir, murmurará apenas, o permanecerá en silencio. Récit, anagrama de écrit [escrito], altera el orden de las letras, cambia su sentido, establece una relación diferente entre el nombre y las letras que lo constituyen. Subvirtiendo las formas establecidas, relata o recita a su manera. "L'être est-il langage?" (51) Si el pronombre de tercera persona il [él] emblematiza el género narrativo, si una partícula basta para señalar y determinar, como el tiempo pretérito, la índole misma de la narración, Jabès empieza su relato por ese pronombre: "Il et son féminin Ile",(52) una deducción gramatical que se aparta de la regularidad previsible con un sustantivo femenino que no tiene nada que ver con el pronombre ni con los paradigmas narrativos. Sin embargo, si bien atenta contra las categorías lingüísticas y narratológicas, participa de los tópicos del relato que ha radicado en la isla una de sus irrealidades privilegiadas. Son numerosas las narraciones que sitúan en el entorno de una isla su acción pero, volviendo a sus obsesiones, quizás cifre en la isla el pesar del aislamiento y el abandono, la jurisdicción simbólica de una soledad que es desolación.

L'île fut autrefois le manque, le trou,
l'oubli.
Comment cela s'est-il produit?
Un vide comblé avec des pierres,
Au milieu des ondes. (53)

[….]

De la misma manera que en los libritos de los judíos escondidos, Jabès abrevia lo esencial, acaricia sus temas, los musita casi sin decirlos: el quebranto, la errancia por un territorio ajeno, la arena, la repetición y el silencio -la imposibilidad de decirlo: "Jamais le silence/ ne se réfère au silence",(54) la espera, la partida forzada, las tumbas vacías, la nada, las letanías que repiten en silencio, la ausencia, el espejo quebrado, los fragmentos, heridas, locuras: el dolor de no querer decir nada, nada más que querer decir. Al final, en una carta dirigida a M.C. (¿Marcel Cohen?), a manera de epílogo, en lugar de declarar, aclara, en lugar de afirmar, pregunta, en lugar de terminar, comienza:

(Ici, commence la lettre annoncée, promise.
Ce qui est à dévoiler, à communiquer,
l'écrirai-je, le transmettrai-je? (55)

Descubre y explora una isla de lenguaje donde administrar las normas a su arbitrio, donde el "V'herbe",(56) reclama una naturaleza que lo libere de las convenciones. Si la modulación narrativa hace de la causalidad su lógica, del porque, su razón de ser, el judío vuelve a preguntar, ¿por qué? Jabés pregunta, una y otra vez, y la respuesta, une contestation, es "protesta", que es eso contester en francés, aunque parezca resignación. Reivindica la insurrección del lenguaje a fin de legitimar, por la subversión, su inevitable exclusión de extranjero, varias veces extranjero:

Subversion partout. Dans le brûlant paysage du judaïsme. SUB (en dessous) mais VERS (la colline) de SION. (57)

Si más de una novela se ha justificado por una estética de los nombres, lacónica, la escritura de Jabès no elude apelar a una economía de los pronombres. Aunque los distorsione, aunque escarnezca las convenciones del relato, la consecutividad discutible que lo rige tampoco desconoce que, en poesía, rige el pronombre de primera persona, y es ese un blanco al que el escritor apuesta: JE [yo], la sombra en el espejo que refleja y cambia según quien se contemple. ¿Quién es yo? la figura se confirma o se desplaza, cambia el pronombre o con él, ¿Edmond Jabès dice JE para abreviar o es J E la imagen recíproca de E J en un juego de espejos que abrevia la imagen de un semejante, a su imagen y semejanza? EJ resume la inversión de je que resuena en la voz del judío: "étrange-je"?(58), la contrariedad repite y descubre un fenómeno extraño de un "Je-étrange qu'est l'étranger"(59) Pero si dice yo, ya no se distingue; el mismo pronombre confunde la diferencia en una identidad que desvanece la extrañeza. ¿Y si fuera la única diferencia del judío no ser diferente? No dudaría en advertir, en esta falta de oposición, la paradoja de las paradojas que conjetura, en la falta de diferencia, la extrañeza infrecuente de una identidad que requiere de la ilusión de la alteridad para verificarse:

- "Qu'est-ce qu'un étranger? - celui qui te fait croire que tu es chez toi." (60)

No deja de sorprender la insistencia de Jabès en someter su escritura a un movimiento de ida y vuelta, de exponerla a un régimen de oposiciones que reduce su retórica a las figuras de la contradicción; una simetría demasiado evidente para no ser deliberada, demasiado previsible para convencer. Redundante, es la redundancia la que, contradictoriamente, sorprende.

Pour le juif, le point de départ et le point d'arrivée se confondent. (61) (…) Le Rien ne crée pas le Rien. (62)

¿Cómo leer un libro que articula las contradicciones, como si su autor no pudiera pensar de otra manera que oscilando, al derecho y al revés, verso y reverso? Del comienzo al final el texto se dobla sobre sí mismo, un gesto que no es diferente del gesto poético que vuelca sobre sí una trayectoria que no avanza, imita su propia imagen, las voces que riman, el ritmo que detiene el tiempo volviendo atrás. El retorno es razón del verso, su paradójico progreso, la vuelta a los orígenes, el principio de la creación. Como reflejada en una psyché -el espejo que rota, la reflexión se configura sobre la luna del espejo; la especulación sabe de ese espectáculo sobre la superficie lisa que la reproduce. Intelectual y poética la destreza verbal contrae la sintaxis a su mínima articulación, una economía de palabras restringe el vocabulario escueto. Jabés invierte esa brevedad, no escatima la incrustación de esos fragmentos entre las más viejas reliquias; la erosión, el desgaste, deparan la concisión de aforismos que sentencian hasta la estricta circunspección que los formula, como si la escasez fuera exceso y la reducción incompleta. ¿Qué hermenéutica interpretará la aridez de una escritura que se desvanece entre los blancos del texto? Si Nada es la única referencia, el palindromo coincidiría con los primeros capítulos del Génesis donde comienza la denominación. No es la primera vez que un autor se propone escribir sobre nada pero Jabès realiza esa propuesta recurriendo a figuras que se anulan: el quiasmo, la contradicción, la paradoja, las prudentes tautologías que habilitan la circulación y el encierro, ruinas circulares donde vaga el poeta buscando una salida, deambulando entre piedras gigantescas que se pierden en las pirámides de una geometría sagrada, primitiva y actual, o se pierde en la extensa nada sin límites del desierto, el laberinto sin muros de un país estrecho: Misraim ¿No es esa la significación de Egipto?- un país del que el judío vuelve a irse en busca de la aventura del sentido:

J'ai pensé la limite et trouvé l'illimité.
J'ai pensé l'illimité et trouvé la limite. (63)

Jabès pronuncia una oración, escribe las palabras, tanto da leerlas de derecha a izquierda, dirigiéndolas según una escritura hebrea, como en el otro sentido. Poeta del desierto, su interminable vaivén podría intentar la restitución de una semántica profunda que asigna al desierto y al discurso, a desertar y disertar, una misma raíz hebrea: dbr, la combinaciòn consonántica que se repite en las palabras con que se inician los capítulos del Pentateuco y se adoptan como títulos. Palabras y páramo, voces y vías se cruzan en ese espacio donde el profeta "oye" -es esa su misión- que el nombre implica la negación. Al entender que Dios no retira su palabra pero se retira de ella, porque "La vérité de Dieu est dans le silence",(64) dando lugar al descubrimiento trágico de un Dios anónimo, irrepresentable. El escritor y el judío que es Jabès, según la distinción que le interesa marcar, coinciden en su común devoción del texto, en la consagración de una escritura que se propone ocultar el nombre y al mismo tiempo venerarlo.

Qu'est-ce qu'un écrivain? Qu'est-ce qu'un juif?
(…) "Ils sont le livre." (65)

Lisa Block de Behar
Montevideo, Uruguay

1. Trad. "Y, sin embargo, a la pregunta '¿Para quien escribes?', no había respondido acaso espontáneamente: 'para nadie, para el silencio, quizá, que es siempre espera de alguien'". Un Étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. Gallimard. Paris, 1989. P. 144.
2. Trad. "Hermanos siameses, separados por la cabeza: el pensamiento y la poesía". Le Livre du Partage. Gallimard. Paris, 1987. P. 48
3. Hans-Georg Gadamer. Qui suis-je et qui est-tu? Commentaire de Cristaux de souffle de Paul Celan. Actes Sud. Paris, 1987. P. 142.
4. Trad. "Seré quien seré". La Bible. Traducida y presentada por André Chouraqui. Desclée de Brouwer. Paris, 1989. P. 120.
5. Trad. "El conocimiento sería, así, solo un agujero dentro de un agujero". Un Étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. Op. cit. P. 127.
6. Gallimard. Paris, 1963.
7. Gallimard. Paris, 1967.
8. Gallimard. Paris, 1969.
9. Gallimard. Paris, 1972
10. Gallimard. Paris, 1964.
11. Gallimard. Paris, 1965.
12. Gallimard. Paris, 1963.
13. Gallimard. Paris, 1976.
14. Fata Morgana. Montpellier, 1975. Con ilustraciones de Antoni Tàpies.
15. Fata Morgana. Montpellier, 1984.
16. Gallimard. Paris, 1982.
17. Gallimard. Paris, 1984
18. Gallimard. Paris, 1985.
19. Gallimard. Paris, 1987.
20. Gallimard. Paris, 1989
21. Trad. "El desierto fue mi tierra./ El desierto es mi viaje, mi errancia". "L'eau". La mémoire et la main. Fata Morgana. Montpellier, 1987. Con dibujos de Eduardo Chillida. S/n.
22. Trad. "Nunca supe donde estaba. Cuando estaba en Egipto, estaba en Francia. Desde que estoy en Francia, estoy en otra parte. El problema del extranjero, aún. El extranjero ya no sabe cual es su lugar. El extranjero parte para un país como si pudiera refugiarse en una imagen ideal, pero ningún país se parece a tal imagen.
No hay sino el idioma. Si un extranjero viene a un país porque elige su idioma encuentra su lugar. ¿Pero dónde lo encuentra? Simplemente en ese idioma. Ahora bien, ese idioma que no cesa de perfeccionar ya no es el que se habla a su alrededor. Su sitio es el del idioma: el libro". "L'étranger d'Edmond Jabès". Declaraciones recogidas por André Velter. Le Monde. Paris, 28/04/1989.
23. Trad. "Mucho ruido en la desaparición del ruido/Silencio para nada". La mémoire et la main. Op. cit. S/n. III.
24. Trad. "La sangre no lava la sangre". La mémoire et la main. Op. cit. S/n. parte II.
25. Trad. "Solo hay arena/donde paso". "L'eau". La mémoire et la main. Op. cit. S/n.
26. Trad. "'El extranjero del extranjero', escribí una vez" "L'étranger". Le parcours. Gallimard. Paris, 1985. P. 16.
27. Trad. "Hacer un libro, para un escritor, es aprender a leer el libro que está en el libro: libro de su ambición, de su obsesión.
¿De que responde el judío? En primer lugar de su fidelidad al libro, porque es fidelidad a sí mismo". "Judaïsme et écriture". Le parcours. Op. Cit. P. 80.
28. J. Laforgue. "Complainte de l'automne monotone". Les complaintes. Œuvres complètes. T. I. Slatkine Reprints. Genève, 1979. P. 108.
29. Trad. "El judío enfrenta al judío, como la página del Libro a la página del Libro". E. Jabès. "Pages nouvelles" II. In Pour Edmond Jabès. Editions du Bureau de Recherches et d'Action Culturelle. Paris, 1989. P. 255.
30. Reyes Mate. Memoria de Occidente. Actualidad de pensadores judíos olvidados. Anthropos. Barcelona, 1997. P. 96
31. Trad. "El ser judío es solo el judío del ser". Le parcours. Op. cit. P. 84.
32. Trad. "Dios es, más allá de la idea, la misma idea de ese más allá". Le parcours. Op. cit. P. 70.
33. Trad. "('Qué importa que sea de derecha a/izquierda o de izquierda a derecha./La mano solo escribe en el sentido/ardiente de la vida a la muerte, del alba/al crepúsculo', decía el// 'El día y la noche son los dos/polos de una mano', también decía". "A demi ouverte, ma main". In La mémoire et la main. Op. cit. S/n.
34. Trad. "¿Y si la ausencia fuera un pensamiento - un pensamiento/de la ausencia?" Le parcours. Op. cit. P. 14.
35. Trad. "La nada tine por único fiador a la nada/Dios, por única referencia, Dios." Le parcours. Op. cit. P. 11.
36. Trad. "Dios es a la imagen de la carencia" Le parcours. Op. cit. P. 34.
37. Jacques Derrida. "Edmond Jabès et la question du livre". In L'écriture et la différence. Seuil. Paris, 1967. P. 111.
38. Trad. "Pero si se me pregunta: '¿En qué piensas?/Pareces ausente', respondo, imperturbable: 'En nada'/¿es Nada mi único libro?" "Pages nouvelles, II". In Pour Edmond Jabès. Op. cit. P. 247.
39. Trad. "ese medio nulo". Gabriel Bounoure. Citado por Jabès en Ça suit son cours. Ilustraciones de A. Tàpies. Fata Morgana. Montpellier, 1975. P. 21.
40. Maurice Blanchot. "L'écriture consacrée au silence" In Pour Edmond Jabès. Op. cit. P. 239
41. Jean-François Lyotard. Heidegger et "les juifs". Galilée. Paris, 1988. P. 49.
42. Trad. "Se escribe entre dos renunciaciones". Le livre du partage. Op. cit. P. 51
43. Trad. "Negar la nada". Le Parcours. Op. cit. P. 104.
44. H. G. Gadamer. Op. cit. P. 56.
45. Trad. "Quebrar la palabra, hacer jugar las palabras en las quebraduras de la palabra, es acercarse por el camino más directo, pero también pasar de un vértigo a otro, de una nada a otra". Ça suit son cours. Op. cit. P. 72.
46. Récit. Fata Morgana. Montpellier, 1981. Illustraciones de Jean Degottex.
47. Trad. "Para el judío, la verdad está en el relato; es el relato mismo". Le parcours. Op. cit. P. 30.
48. "L'étranger d'Edmond Jabès." Declaraciones recogidas por André Velter. Le Monde. Paris, 28/04/1989.
49. Trad. "El filósofo nace con la filosofía, el pensador con el pensamiento y el poeta con el mundo". Un Étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. Op. cit. P. 96.
50. Trad. "Esencial, en el judaísmo, es el constante recurso a la cita". "L¨Héritage, III". Le livre du partage. Op. cit. P. 32.
51. Trad. "¿El ser es lenguaje?". Le Livre du partage. Op. cit. P. 103.
52. Trad. "El y su femenino Isla". Récit. Op. cit. S/n.
53. "La isla fue en otra época la falta, el agujero,/el olvido./ ¿Cómo se produjo?/Un vacío repleto de piedras/En el medio de las ondas". Récit. Op. cit. S/n.
54. Trad. "Jamás el silencio se refiere al silencio". Récit. Op. cit. S/n.
55. Trad. "Aquí comienza la carta anunciada, prometida/¿Aquello que hay que revelar, que comunicar/¿lo escribiré, ¿lo transmitiré?". Récit. Op. cit. S/n.
56. Ça suit son cours. Op. cit. P. 109.
57. Trad. "Subversión por todos lados. En el ardiente pasiaje del judaismo. SUB (por debajo) pero HACIA (la colina) de SION". Le parcours Op. cit. P. 64.
58. Trad. "¿Extraño yo?". Un Étranger avec, sous le bras… Op. cit. P. 114.
59. Trad. "Un yo extraño que es el extranjero". Un Étranger avec, sous le bras… Op. cit. P. 121.
60. Trad. "¿Qué es un extranjero? - aquel que te hace creer que estás en tu casa". Un Étranger avec, sous le bras… Op. cit. P. 112.
61. Trad. "Para el judío, el punto de partida y el de llegada se confunden". Le Parcours. Op. cit. P. 12.
62. Trad. "La Nada no crea la Nada". Le Parcours. Op. cit. P. 13.
63. Trad. "Pensé el límite y encontré lo ilimitado/Pensé lo ilimitado y encontré el límite." "Les deux limites". Le Parcours. Op. cit. P. 94.
64. Trad. "La verdad de Dios está en el silencio". Livre du partage. Op. cit. P. 17.
65. Trad. "¿Qué es un escritor? ¿Qué es un judío?/ (…) 'Son el libro'". Le Parcours. Op. cit. P. 54.

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