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28 ene. 2009

Lo que la provocación cognitivo-conductual despierta en algunos analista


Autor: Alejandro del Carril

El último de los ataques mediáticos contra el psicoanálisis tuvo su epicentro en el reportaje realizado por el diario “La Nación” al historiador multinacional Mikkel Borch-Jakobsen, quien abogó por la eficacia terapéutica de las manipulaciones cognitivo-conductuales.
Varios líderes del movimiento psicoanalítico local salieron a contestar las incongruencias vertidas en el mismo.
El peso de las críticas al psicoanálisis recae sobre la supuesta falta de cientificidad del mismo, entendiendo por ciencia al producto diseñado por la ideología positivista representada, dentro del campo de la salud mental, por el paradigma cognitivo-conductual.

Lo que me interesa analizar aquí son algunas ideas-fuerza que insisten en los colegas que salieron al cruce, las que apoyándose en principios religiosos y/o humanistas, toman una dirección que los aleja del psicoanálisis.

En un artículo que no respondía al reportaje citado pero que coincidió temporalmente con el mismo, Jacques-Alain Miller, añoraba los supuestos buenos viejos tiempos en que el psicoanálisis habría estado aliado a la religión y proponía la humanización de la misma para enfrentar a la tecnociencia. Allí decía: “Me parece que antes había un rechazo humanista de la máquina, por aquello que era llamado, la casa de las almas. Teníamos aliados entonces. Aunque Freud fuera considerado demoníaco, era aún obvio, para Lacan, que había una alianza entre religión y psicoanálisis en contra de la máquina y de la ciencia. Eso se sentía claramente en los 50’s. Mientras que lo que es igualmente notorio ahora es que no se tiene eso. En la actualidad la religión no compite con la ciencia. Le dejan la tierra a la ciencia y a la cuantificación, sin vacilación.(…) en nuestra lucha contra las TCC, re-humanizar la religión es un anhelo del que tenemos que hablar.”

Unos días más tarde, en “La Nación” Isidoro Vegh, pese a pretender diferenciarse de la religión, dice cosas como: "El sujeto tiene un margen de libertad. Por supuesto que ese margen de libertad se amplía cuando uno conoce cuáles son las determinaciones que lo habitan. Por ejemplo, si viene un paciente y nos dice: "No sé qué me pasa: maltrato a mi mujer y a mis hijos", nosotros creemos que si lo ayudamos a descubrir cuál es la razón inconsciente de su manera desaforada de comportarse seguramente va a tener más libertad para obrar mejor."

Nótese que termina diciendo que la ayuda del psicoanalista le va a dar libertad para obrar mejor. No dice para obrar de otra manera, ni para obrar según su deseo o goce, dice para obrar mejor. O sea, que si el resultado ya se sabe de antemano, que será obrar mejor ¿dónde está la libertad? Este planteo es típico de un discurso religioso o moralista. Es evangelizador. En el contexto del ejemplo aludido, se tratará de que sea mejor padre y esposo. Por si este ejemplo fuera poco claro, sigamos leyendo: “Pero San Agustín dijo que la gracia divina es también algo que tenemos que implorar para que esa libertad que Dios nos otorgó la podamos usar del mejor modo. Para nosotros, desde el psicoanálisis, se trata exactamente de la misma cuestión, claro que no en términos teologales” (recuérdese a Freud en “La negación”). ¿Cómo sería la misma cuestión si no es con los mismos términos? Si es con otros términos es otra cuestión y si es la misma cuestión no hacen falta otros términos. Salvo que el deseo sea hacer funcionar los términos psicoanalíticos al modo teologal, como parece indicar la negación.

Sigue I.V.: "Yo creo que nuestra dedicación al prójimo no es un acto de caridad sin una relación al otro." Ubicar el acto analítico como un acto de caridad (una de las tres virtudes teologales junto a la fe y la esperanza) implica inscribir al psicoanálisis directamente en la religión cristiana. Lo que se corrobora con el contexto de la entrevista. Tan es así que hasta la periodista queda sorprendida por los dichos de este psicoanalista.

Que el planteo religioso retorne sincronizadamente por boca de dos importantes líderes del movimiento psicoanalítico lacaniano, pertenecientes a distintas ramas del mismo, no hace otra cosa que reflejar el pensamiento de muchos otros que no cuentan con la repercusión mediática de sus dichos. Y si esto que afirmo es así, y todo indicaría que lo es, me atrevo a pensar que no es efecto de alguna distracción menor sino que responde a los movimientos que está sufriendo la cultura a nivel mundial desde hace largo tiempo ya y a las dificultades que tenemos los psicoanalistas para operar con ellos.

Sin terminar de tener bien en claro de qué se trata, me animo a barajar algunas hipótesis que, tal vez, ayuden a ubicar alguna baliza en el asunto.

1. Vivimos bajo los efectos de la tecnociencia. Podríamos decir que es el Otro privilegiado hoy en día. Los efectos son múltiples, para bien y para mal. A la tecnociencia se la suele adosar no sin razones al discurso capitalista. Cuando este razonamiento cae en manos de ideólogos de izquierda se suele ubicar a ambos (ciencia y capitalismo) como el eje del mal.

2. La tecnociencia, como todas las actividades humanas, produce diversos efectos, muchos de ellos paradojales. Permite la fabricación de máquinas que facilitan la realización de múltiples tareas, lo que vuelve nuestra vida más confortable, a la vez que expulsa mano de obra al realizar el trabajo en forma mejor, más rápida y más barata, generando desocupación y miseria. Produce medicamentos y tecnología para intervenir quirúrgicamente, capaz de mejorar la calidad y cantidad de vida en muchas personas, provocando también con ello dificultades socio-económicas, difíciles sino imposibles de resolver, como es el de mantener a una población durante una cantidad de años que no se preveía cuando se diseñaron los sistemas previsionales. Esto por solo nombrar dos ejemplos.

3. La característica paradojal de la acción humana suele ser negada por la mayoría de las personas. Así, los científicos, suelen creer en el progreso indefinido y unilateral de la ciencia, achacándole a otros (política, economía, moral, etc..) la responsabilidad de resolver los efectos negativos de su acción, como si éstos fueran accesorios a la misma.

4. A este fundamentalismo tecno-científico suele oponérsele especularmente un fundamentalismo religioso-humanístico-moral, que le achaca a la ciencia ser la causa de todos los males que el hombre viene sufriendo en los últimos siglos, y añora los supuestos buenos viejos tiempos del hombre “natural”, cuando su bondad no había sido corrompida por la ciencia. Una de las quejas que más se escuchan de boca de los representantes de esta posición es que “se han perdido los valores”. Esto se ve en el artículo de Miller, cuando siguiendo la línea tomada por la industria cinematográfica hollywoodense, propone el enfrentamiento hombre vs. máquina, pareciendo ignorar que la máquina no es otra cosa que un invento humano. Como muy bien lo analizó Michel Foucault en “Vigilar y castigar”, el humanismo es un efecto directo del desarrollo científico. El hombre puede sentirse derecho y humano cuando deja que las máquinas y los sistemas sostenidos científica y tecnológicamente hagan el trabajo sucio (sistema judicial con sus cárceles “readaptativas” a los efectos de satisfacer el deseo de venganza de aquellos que sacrifican su goce pulsional en aras de sostener el lazo social, más conocidos como personas decentes y honestas, cámaras de vigilancia, teléfonos celulares para control de los empleados, cajeros automáticos a los cuales ni siquiera se puede insultar cuando nos estafan, sistemas misilísticos para matar como si fuera un video-juego sin tener que mancharse con la sangre, los gritos o las miradas de las víctimas, etc…). Todo esto ayuda a seguir pensando que en el fondo… somos buenos.
Creer que se han perdido los valores nos impide darnos cuenta que los goces sacrificados no se volatilizan sino que retornan disfrazados con los ideales de época. Los valores no se han perdido sino que han cambiado por otros o al menos han cambiado el lugar que ocupaban en la escala. Hoy las acciones antes descriptas se lleva a cabo en nombre de la eficacia, el confort, el servicio, la maximización de las ganancias, la libre empresa, la democracia, la libertad, la igualdad, etc, etc, etc.
Los que en todo caso parecen haber perdido su lugar privilegiado son los valores de la tradición judeo-cristiana. Que también producían efectos paradojales. Por ej: las cruzadas y su gran cantidad de muertos, así como también produjeron muchas cosas de valor que sirvieron para sostener el lazo social de gran parte de la población hasta hoy en día.

5. Si unos valores han dejado de tener vigencia, me pregunto qué fue lo que pasó para que el entramado simbólico-imaginario haya cambiado, para que algo que operaba con una cierta eficacia ya no pueda seguir haciéndolo, y en todo caso, trato de dilucidar cuáles son los nuevos valores que van tomando forma y cuáles son sus efectos. Intentar recuperar lo perdido es una típica maniobra neurótica, es operar represivamente, tratando de recuperar el imaginario agujereado por lo real, prescindiendo del trabajo con lo simbólico. Eso no produce otra cosa que un retorno más feroz de lo reprimido. Entonces, no se trata de discutir si se han perdido o no los valores, sino de captar el movimiento perpetuo en el entramado simbólico- imaginario cultural por efecto de lo real, que no cesa de no escribirse. Creo que como psicoanalistas es imprescindible poder pensar como operar sobre aquellos efectos de la tecnociencia que empujan al goce superyoico y dificultan la puesta en juego del deseo.
Tal vez una de las cuestiones importantes para los analistas del siglo XXI, no es ni será si aceptamos o no a las tecnociencias (ya llegaron y no se van a ir) sino cómo hacemos para que allí donde el tecno-ello es, advenga el sujeto..

texto disponible en: www.psyche-navegante.com/_2004/numeros/70/lo_que_la_provocacion_cognitivo-conductual_despierta_en_algunos_analistas.doc

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1 RESENTIMIENTOS:

Anónimo dijo...

El psicoanálisis es muchíssimo mas profundo que el cognitivo que no analiza nada porque no trata el inconsciente. Es mucho mas fácil ir a una terapia cognitiva que te den animos y chorradas que no enfrentarte a tus propios dolores que son los pensamientos que un dia se rechazaron y se llevaron al inconsciente. Llevar pensamientos a la consciencia de homosexualidad, vicios sexuales, perversiones e instintos asesinos es muy doloroso para la persona.

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